Mas, por si mantuviera prejuicio, busqué información al respecto y viendo cómo institución independiente como es el Procurador del Común tuvo no hace un año dificultades para conocer los propósitos de actuación del Ayuntamiento en la Plaza del Grano, cómo dicha institución consideró «respetable alternativa el Proyecto de hacendera para la ejecución material de obras de rehabilitación (no remodelación) del empedrado a valorar por los técnicos en relación con la debida protección del patrimonio cultural de Castilla y León», así como el nulo caso que hizo el consistorio al informe del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, ligado a la ONU a través de la Unesco, que le insistió rectificase «su política contradictoria en relación a la protección del patrimonio cultural y natural leonés para evitar el deterioro de los valores patrimoniales de la ciudad y de su entorno», pues acabé releyendo y preguntándome si, como dejó dicho Victoriano Crémer, en su ‘Historia pequeña de León’, ¿seguirán siendo cómo suelen ser las cosas en este «León monumental y artístico que se nos cae de entre las manos; el León que nos está(n) destruyendo en aras de una aparente modernidad y comodidad, cuando lo que priva, en realidad, es la cuantía del negocio»?
Por ello, ante la remodelación o reforma de la Plaza del Grano –¡hay que ver!– me declaro conservador. ¡Y aún dirán!
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