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Lo más, gracias

21/12/2025
 Actualizado a 21/12/2025
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«Queremos mear en todas las esquinas sin tener orín para ello» fue frase del año pasado según unos colegas que llevan años votando entre las que surgen en la oficina durante el ejercicio. Y escuchándola de nuevo el otro día me dio la idea de hacer un poco de repaso, temiendo a la traición memorística, de lo que más y mejor me lo ha hecho pasar este año, dicho o hecho.

Raúl Cimas dejó de hacerme gracia y Pantomima Full están a monetizar los directos pero Javier Gutiérrez sigue fortísimo. En ‘La vida breve’ la Waitling haciendo de la Farnesio y el castrato Farinelli de Carlos González pelean con él por el trono del descojone.

Que una noche me retirasen una copa en el Goms (¡by Eva!) a los cinco minutos de pedirla porque la jefa sentenció que ya era hora de cerrar nos dio para unas cuantas risas frenéticas a mí y al colega, pero es cierto que poco necesitamos. Es yesca para nosotros visualizar una foto de algún antiguo compañero o liarnos a improvisar en catalán. 

Los artículos pirulones de Luz Sanchez-Mellado y el estilo sin abuela de Pilar Urbano son de traca y los adelantos recibidos de un libro de Andrés Trapiello sobre Madrid lleno de viejos probándose dentaduras prometen muy mucho. 

La costumbre en chats de, cuando algo no te interesa un ajo, intercalar la introducción del ‘Equipo A’ sin escatimar nada del «En 1972 cuatro destacados miembros…» puede desarmar. Pero yo adoro lo todavía más simple, como el emoji ese de «no tengo Whastaspp, para lo que sea, Bizum». 

Mi hija –tres años– diciendo desde el sofá «que no venga el enanito», refiriéndose a mí, nos mata de la risa. A Lamine Yamal seguro que le haría mucha gracia también. Y a mi cuñada y a sus alumnos de secundaria que tanto celebran el fenómeno de la acondroplasia otro tanto. Lo de aquel día en que le preguntamos a la niña si le apetecía desayunar y respondió «lo que me apetece es quedarme en casa», no estuvo mal tampoco. 

Mi padre imitando a un antiguo compañero gallego de Antibióticos se lleva la palma. El tío bebía vino a escondidas del ingeniero jefe poniendo una cara de sorbido rabioso que me duele el maxilar de solo recordar la interpretación. En general, mi padre contando cualquier cosa es garantía de risa, como la historia de cuando se fue de joven con los colegas y un burro a la sala de fiestas Universal que había en Guzmán y lo pusieron a bailar. Verlo (al burro, no a Guzmán) fue un privilegio de los que estaban allí entonces. Escucharlo ahora, mío. 

Benditas barbaridades.

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