Hay datos y hay datos. Con unos se pretende deslumbrar o apabullar y ocupan con facilidad las primeras páginas de los medios; otros casi ni aparecen o lo hacen de un modo más que discreto. Si nos referimos al número de fascistas entre la juventud, al precio de la vivienda o al consumo de turrón en navidades, haremos bingo. Si, por el contrario, hablamos de la eterna disputa entre capital y trabajo, que está en el fondo de casi todo, poco o ningún espacio se nos concederá. Toca volver a jugar.
Juguemos, por lo tanto, y hablemos sobre los márgenes empresariales situados en máximo histórico en el tercer trimestre de 2025, según un informe acreditado, el del llamado precisamente Observatorio de Márgenes Empresariales. De hecho, alcanzan niveles muy superiores a los que obtenían antes de la pandemia y de la crisis inflacionaria. Hasta tres puntos han escalado en estos últimos meses tanto el valor añadido bruto sobre ventas generado por las empresas como el margen bruto sobre ventas. Quizá sea porque, como novedad, se ha incluido en esta ocasión información relativa al sector financiero, donde los excesos al alza son de una magnitud notable.
¿Qué decir, por contra, de los salarios? Sencillamente, que han frenado en 2025 su recuperación en el reparto del valor añadido creado, y eso que ya venían flojos de atrás. Eso sí, la productividad sigue creciendo, aunque persista o se agrave la bre cha entre productividad, márgenes y salarios. Obsérvese que, para combatir su pérdida de posición, las personas asalariadas se ven en la necesidad de sucumbir al castigo de las horas extras, muchas de ellas nunca remuneradas. Veamos una muestra.
De acuerdo con la Encuesta de Población Activa de los últimos doce meses, en la provincia leonesa 3.372 personas realizaron horas extras abonadas, mientras que 4.847 lo hicieron sin ningún tipo de pago a cambio. En horas, 25.648 pagadas y 28.981 no pagadas. ¿Es suficiente este dato, entre otros, para entender algo del crecimiento de los márgenes empresariales o todavía no?
En suma, en este mundo donde el procesamiento de datos parece marcar políticas, vidas y todo cuanto se mueva conviene leer los datos, sí, y permitir que se lean a través de los medios de comunicación, a pesar de su aridez y poca espectacularidad. Esos datos, los aquí comentados, nos retratan y retratan una sociedad desigual, con severos desequilibrios entre capital y trabajo y apuntan hacia unas navidades no tan dulces para una parte de la clase trabajadora. Cambiar ese paisaje forma parte también de los propósitos para el año nuevo. Para que nos sea un poco más feliz.