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Manuel Sierra: pintor de la tierra

08/10/2025
 Actualizado a 08/10/2025
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Varios son los rasgos de la persona y del arte del babiano Manuel Sierra que nos han resultado llamativos desde que lo conocemos y lo tratamos: su discreción personal; su conciencia social y solidaria (que, en ocasiones, plasma en esa maravillosa pintura mural, que podemos ver en no pocas poblaciones de la provincia de León y en la misma capital); su arraigo en la tierra (Babia, su ámbito natal; Castilla, puesto que reside en Valladolid desde hace años y años); su pintura enteramente personal, con unos rasgos perfectamente distinguibles; su plasmación de los ámbitos geográficos en los que vive y de los que tiene experiencia; su uso enteramente personal del color; así como esa pintura que participa de determinados rasgos que, procediendo de las vanguardias históricas, los asimila enteramente en su quehacer artístico.

A lo que habría que añadir, esa constancia, ese trabajo continuo que el artista realiza, en su casa y taller de Simancas, donde reside. Una constancia que es, también, digna de todo mérito y elogio.

No son pocos los rasgos que acabamos de enumerar por los que un arte como el de Manuel Sierra nos resulta enteramente atractivo. Hablaba el pintor salmantino de la Escuela de París, Celso Lagar, que vivió pobremente en la capital francesa y que fue fiel siempre a su propio arte, al tratar de definir su pintura, del ‘planismo’.

Un movimiento que nunca existió, pero que, por ejemplo, podría aplicarse a la composición de la pintura de Manuel Sierra: el ‘planismo’. Sus figuras, sus paisajes, sus interiores, todo lo que plasma el pintor babiano está atravesado por ese ‘planismo’ que nos lo hace tan atractivo y personal.

Podríamos decir que la pintura de Manuel Sierra obedece a lo que pudiéramos llamar un realismo trascendido. Ha sacado no poco provecho –creemos– de esas geometrías suprematistas del artista ruso Kazimir Malevich; en el caso del pintor babiano no para ir a abstracción alguna, sino para trascender un realismo, una visión de la realidad, que nos devuelve trascendida y transfigurada.

Porque hay, en el arte pictórico de Manuel Sierra, una transfiguración de la realidad, que trasciende las figuras, los paisajes, los interiores, las realidades sociales (cuando las aborda) y convierte en belleza nueva todo aquello que plasma en sus pinturas y en los murales urbanos que realiza.

El pasado 19 de septiembre, Villablino nombró hijo predilecto a Manuel Sierra. Un reconocimiento muy merecido, para un artista que siempre ha sido fiel a la tierra y que la ha plasmado de modo muy hermoso y muy personal.

Tal reconocimiento fue precedido de todo un ciclo que se desarrolló, entre julio y septiembre, con el título de 'Universo Sierra'. Unas jornadas artísticas Laciana-Babia, con actos en Caboalles, Villablino,  Piedrafita de Babia, Lago de Babia, Cabrillanes, San Félix de Arce, Huergas de Babia, Riolago, Villasecino y San Emiliano, en una ruta expositiva con obras y murales del pintor, que, de ese modo, logró que muchos de los babianos y lacianiegos, además de los visitantes, pudieran contemplar su arte tan personal y conseguido.

Indica el dicho que nadie es profeta en su tierra. El caso de Manuel Sierra es una excepción. Muy merecida. Absolutamente merecida.

Aunque el mejor homenaje que podemos hacerle a Manuel Sierra, como a cualquier otro creador, es el de contemplar y valorar su obra.

Tendremos sobradas ocasiones de hacerlo, pues nuestro artista babiano suele exponer de modo regular en León, así como también en Valladolid. Y sus exposiciones constituyen un buen modo de ir siguiendo su arte. Que deseamos duradero.

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