Guardo un cariñosísimo recuerdo de mi catedrático don Manuel García Álvarez, cuyo fallecimiento nos sorprendió apenas iniciadas las vacaciones de agosto. Es cierto que, como han destacado diversos medios y autoridades, hacía gala de una humanidad excepcional y de un espíritu tan entrañable y conciliador como profunda y afinada era su visión del Derecho Político.
En los primeros años 90, al final de la Perestroika, don Manuel, que dominaba y amaba el idioma ruso, formó parte de la Comisión Constitucional del Parlamento de la Federación Rusa, y finalmente participó en la Asamblea Constitucional celebrada en el Kremlin en 1993 de la que surgió el texto constitucional que fue aprobado en referéndum bajo el mandato de Boris Yeltsin. Su labor en este proceso no debió ser menor, puesto que Manuel García Álvarez es el único experto extranjero que cita Yuri Baturin, asesor de Gorbachov y de Yeltsin, y Secretario del Consejo de Defensa de la Federación Rusa, en una entrevista que concedió al diario Izvestia con el fin de narrar los pormenores del proceso constituyente.
Siempre pensamos que a «Manolín el rojo», como se le llamaba con frecuencia entre el alumnado, debió resultarle agridulce participar en aquella constitución que significaba la lápida funeraria de la URSS marxista leninista. Pero era el signo de los tiempos, había visto a prestigiosos y brillantes juristas del franquismo esforzarse en el singular proceso de democratización de España y le tocaba hacer lo mismo con su amada Rusia.
Su departamento era un ejemplo de pluralismo, con profesores ayudantes y asociados de todos los colores políticos. Recuerdo a mi amigo Jordi Barrat, de Convergencia i Unió, a Antonio García Cuadrado, al que se suponía cercano al Opus, a Amilivia, entonces cabeza local del PP, y por supuesto a Zapatero. Nunca consiguió don Manuel que terminase el doctorado, ni tampoco que aprendiera nada sobre aquel espíritu plural y dialogante con el que trataba de enseñar Derecho Político. Cuando alcanzó la cumbre de su azarosa carrera política, Zapatero prefirió sustituir el entendimiento de la transición por la polarización guerracivilista cuyas consecuencias sufrimos hoy en la versión corregida y aumentada de Pedro Sánchez.
Comparto estos recuerdos porque me dio un poco de pena que la mayoría de los medios de comunicación eligieran la faceta de don Manuel García Álvarez de primer Procurador del Común de Castilla y León como su principal logro y carácter. Creo que fue mucho más, y que de su ejemplo hay mucho más que aprender en los tiempos que corren.
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