El debate sobre la existencia de una burbuja especulativa, especialmente en el sector tecnológico, es recurrente en los últimos meses. Sin embargo, un análisis objetivo revela diferencias sustanciales con episodios pasados como la burbuja .com. Mientras que en el año 2000 el índice NASDAQ llegó a cotizar a 200 veces sus beneficios (PER), actualmente se sitúa por encima de las 28 veces. Si bien estas valoraciones no son baratas, están lejos de los niveles irracionales que caracterizan a una burbuja clásica.
La renta variable ha sido la gran protagonista del año, con los mercados de Estados Unidos y Europa alcanzando máximos históricos impulsados en gran medida por la narrativa de la inteligencia artificial en EE. UU. y la subida de los bancos y los sectores de la industria de defensa en Europa. Para el inversor, la pregunta clave no es si participar, sino cómo posicionarse: ¿debemos mantener la apuesta por los líderes actuales o es momento de buscar una rotación hacia nuevas oportunidades que el mercado ha dejado atrás?
El mercado europeo presenta una dicotomía interesante frente al estadounidense. Mientras que en EE. UU. ha prevalecido el sesgo hacia el crecimiento (growth), en Europa han sido las compañías de valor (value), como las del sector financiero y de defensa, las que han dominado el rendimiento.
En este contexto surge el concepto de las «GRANOLAS», un acrónimo que agrupa a once de las compañías europeas de mayor calidad y alcance global, como Nestlé, Sanofi, SAP, ASML y LVMH. La paradoja actual de estas empresas es que, a pesar de que sus beneficios son un 25% superiores a los de hace tres años, sus cotizaciones se han mantenido planas. Esta desconexión representa una oportunidad de inversión a medio plazo, fundamentada en la premisa de que, a la larga, los beneficios son lo que guían las cotizaciones.