Es muy complicado, parece casi imposible, que haya un trabajador de lo público, municipal en este caso, del que todo el mundo hable bien y, además, lo haga de manera sincera.
Salvo que el trabajador sea Manolín el de Valverde.
Es muy complicado, parece casi imposible, que haya un obrero de un Ayuntamiento del que lo primero que se diga es que se trata de un gran trabajador. La creencia general para con el gremio es que tiran más bien a poco hacendosos... Salvo que el trabajador sea Manolín el de Valverde, el que llegaba en mitad de la nevada o soportaba estar arreglando una avería del agua en un día de perros.
Se acaba de ir, de jubilarse, como le gusta a él hacer las cosas, en silencio, sin alharacas, dando cuenta solamente a su conciencia, por más que son muchos los vecinos a los que les hubiera gustado poder estar y participar en la despedida de un buen tipo, una buena persona y eso tan difícil de encontrar, un hombre cabal. Manolín el de Valverde.
Es cierto que contaba con una ventaja, ser el hijo (uno de los dos)de Manolo El Veterinario, otro personaje de los que resulta imposible escuchar una mala palabra pues se ganó el aprecio de todos cuadra a cuadra, conversación a conversación, favor a favor, pues no era el veterinario titular –tenía otro destino– pero si el veterinario amigo, el vecino bueno, el conversador afable, el profesional brillante.
Una brillantez que también heredó –y, muchas veces, escondió–Manolín. El chaval que tantas veces fue el único en resolver ese problema imposible que se les ocurría a aquellos profes de matemáticas, el jugador de ajedrez que también podría haber hecho carrera en ese juego/deporte pues su cabeza gira a muchas revoluciones. Ymil cosas más, como una visión de la realidad tan personal como sensata, argumentada. De su padre, fallecido excesivamente joven, heredó una capacidad innata para entender el ganado que tantos años tuvo en casa.
Podía haber sido brillante en muchos campos, pero apostó por una familia, por su pueblo, por estar cerca de Marucha, su madre, y primero como ganadero y después como trabajador municipal construyó una forma de estar en el mundo que tanto recuerda a Manolo El Veterinario. Porque es una gran ventaja ser su hijo, pero es un gran reto estar a la altura.
Y él lo estuvo. Lo está que, por suerte, solo se ha jubilado, sigue formando parte del paisanaje.
Y el que vale, vale para todo. También para la fiesta es un maestro de la imaginación. Doy fe.
Ah. Y un consejo, no se te ocurra retarle a subir cualquier monte porque te reventará casi sin inmutarse. Que también en esa faceta apostó por no presumir pero parece el del anuncio de Duracell.
Qué gran tipo Manolín el de Valverde. De Valverdín.