07/06/2026
 Actualizado a 07/06/2026
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Dice la RAE en su forma más sencilla de entender, que ‘metáfora’ consiste en nombrar un objeto o concepto con el nombre de otro, por la semejanza y asociación mental que hacemos entre ambas. Y pone como ejemplo «las perlas del rocío» o «la primavera de la vida». 

Nos ha bajado la temperatura en León y apenas 17° penden del aire este sábado. Tuve que echarme la chaquetina sobre los hombros para hacer la columna y en ese entre-mientras de ponerse y estarse quieto, las musas, destempladas, se fueron revoloteando con el polen por las esquinas de la casa. Fue un descuido mío no abrigarlas, sabiendo ya que necesitan calor y asfixia para rendir en condiciones, inspirando lo mismo a un poeta murciano, que a Cervantes o a un miembro del gobierno madrileño, de cuyo nombre no quiero enterarme. El que esta semana nos ha hecho una exhibición de neuronas frías, con sobredosis de aire acondicionado, recordándonos su tierna EGB en Murcia, con manguita corta y pantaloncito corto, para paliar el calor, esa fuente de energía tan necesaria para inspirarse profesores, alumnos y escritores. Y no le faltará razón, que por algo es Consejero de Cultura y, visto lo visto, los sesos en ebullición y los cuerpos sudorosos de maestros y alumnos, rinden y aportan más a la sociedad que algunas cabezas frías, con traje y corbata en un tórrido junio, y un chorro de aire despeinando sus ideas. 

No hacían falta estas desafortunadas palabras del personaje, tan alejado del mundo real, de las calles por las que profesores y maestros llevan semanas reclamando una educación pública digna. Ni siquiera es consciente del respeto que les debe ni de la importancia de su oficio. Artesanos moldeando a nuestros niños, dejando su huella en unas mentes maleables como el barro y fáciles de tallar como el cedro, que bien podría representarlos, porque además de blanda, es una madera resistente a la intemperie. Cualidad necesaria en colegios con calefacciones averiadas en invierno y calor extremo en verano. Y mientras uno divaga, los otros avanzan pidiendo sueldos dignos y actualizados, que resulta demasiado antiguo lo de «pasar más hambre que un maestro de escuela». No hace falta desmenuzar con detalle lo de las ratios y medios económicos para reparar, modernizar y actualizar colegios, especialmente de educación Infantil y Primaria y de educación Especial, donde la necesidad es inversamente proporcional a lo invertido. Piden medios para la educación pública, la de nuestros hijos, la que pagamos entre todos, aunque los impuestos no reviertan en ella, porque dan un rodeo muy grande, de mano en mano, y gran parte de ellos se pierden en otros centros, con aire acondicionado y código postal más grande. 

Docencia y decencia de la mano, porque, aunque el deterioro de la educación pública se ha cronificado, no hay porqué acostumbrarse a ello. Dicen que este es el mayor pulso del profesorado desde 1988, hartos de salarios congelados y colegios públicos en condiciones no aptas para dar clase. Mientras haya profesores y maestros vocacionales, hay esperanza de revertir las cosas y conseguir que todos los niños estudien en condiciones dignas y confortables. Que la madera de cedro no tenga que adaptarse al medio ambiente, cuando es tan joven que su única función es aprender, jugar en los charcos y merendar por la tarde, hasta que les crezcan las ramas. Esa está siendo la lucha de docentes que han acabado convirtiendo su marcha en acampada, sin recibir el agradecimiento que muchos sentimos por lo que están haciendo. Profesores vocacionales que recuerdan de forma inevitable dos películas ambientadas en un mal año. ‘La lengua de las mariposas’ y ‘El maestro que prometió ver el mar’. Un viejo maestro y otro estrenando la docencia. Uno en Galicia y otro en Burgos, pero ambos sabiéndose en peligro por la intolerancia, la violencia y el fanatismo político del momento en que vivían. Ningún niño percibió miedo en esos maestros pacientes, tallando con mimo madera de cedro, enseñando a observar la naturaleza y construir su propio criterio, curioseando y recogiendo el néctar de las cosas de la vida, para aprenderlas, como hacen las mariposas con la espiritrompa, esa lengua enrollada con que absorben el néctar de las flores. En las dos películas ves nacer y crecer el cariño y admiración hacia el profesor y las ganas de aprender. En las dos, el mismo espanto en las caras infantiles al verlos humillados públicamente. Y al final, la sensación de que vencieron los vencidos porque, bajo el espanto asoma la secreta admiración por el maestro, convertido en ejemplo para siempre. Y creímos cosa del pasado, ver un docente maltratado.

Si algún miembro de la RAE lo considera, que quiten como ejemplo de metáfora «las perlas del rocío». Que suena precioso, pero no provoca tanta ‘asociación mental’ como la imagen de una profesora lanzada al suelo por una autoridad, con una violencia injustificada. La educación pública lanzada al suelo por la espalda, a plena luz y ante las cámaras. Pura metáfora.

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