El olvido es uno de los defectos más comunes del género humano. Y unas veces se practica de forma inconsciente y otras no tanto. Sobran los ejemplos. Pero es así. En León sería interminable la lista de los ignorados, quienes, en su momento –y hay que referirse ahora a tiempos cercanos– aportaron su puñado de arena –que no grano– en diferentes campos y de distintas formas.
Uno de ellos –y sobra la murga de los anti– ha sido un torero de Astorga (y, por lo tanto, de León), oriundo del pueblecito de La Carrera, localidad adscrita al cepedano municipio de Villaobispo de Otero. Un ‘coleta’ batallador y serio. Honesto. De los que cada tarde se vaciaban cuando se vestían de luces y hacían el paseíllo. De los que no se les suponía el valor, porque lo tenían y lo expresan hasta la temeridad. En lenguaje taurino, ‘como para parar un buque’. Le nacieron con el acotamiento de Avelino de Abajo de la Fuente y acabó anunciado, en los carteles, como Avelino de la Fuente. Sin más.
Y en este año de 2025, que ya comienza a escaparse a velocidad punta, se han cumplido en él dos aniversarios redondos. El más importante –por aquello de la salud–, que a últimos de agosto alcanzó los 80 años. Y en paralelo al calendario, los 50 de alternativa, que tomó en la leonesa plaza de El Parque un 22 de junio de 1975. Aquella tarde, el llorado Francisco Rivera ‘Paquirri’ apadrinó la ceremonia y le entregó muleta y espada, mientras que otro figurón del toreo, José María (Dols) Manzanares, actuó de notario. Testificó el cambio de escalafón de De la Fuente. Bien es cierto que había tomado una primera alternativa en tierras americanas unos meses antes, aunque la válida a efectos profesionales era la española.
No fue un torero prolífico en cuanto a números de contratos, y pese a ello se ganó el respeto del público y la prensa especializada, algo, que en eso del toro y sus consecuencias, es (y era) fundamental. Joaquín Vidal, que fuera crítico taurino de El País y un ‘hueso’ permanente para los toreros –la mayoría de sus crónicas destilaban acidez y negatividad– escribió, tras una actuación de Avelino en el ruedo de Las Ventas, que «se la jugaba como un jabato». Y si lo decía Vidal…
En el Cossío, que es la biblia del toreo, se le señala –entre otros datos biográficos–, por su doctorado en la capital leonesa, donde salió a hombros por la puerta grande, luego de ‘arrancar’ una oreja a cada uno de sus toros, de la ganadería albacetense de Samuel Flores. El 25 de julio siguiente volvería a pisar la arena de El Parque, para estoquear cuatro toros de forma graciable a favor de Asprona-León, entidad protectora de personas con discapacidad.
En su casa de Astorga conservaba –y se supone que allí seguirá– un precioso terno purísima y oro, que reflejaba a la perfección la personalidad de Avelino: su pureza. Un torero hecho a sí mismo y que nunca se dejó amedrentar. Al contrario.