Luis Miguel Rabanal en el recuerdo

Félix Maraña
28/08/2026
 Actualizado a 28/08/2026
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Alguien me pregunta sobre cuál fue mi relación con el poeta Luis Miguel Rabanal, el escritor de Riello a quien no tuve la suerte de conocer en persona, pero cuya obra y vivencias me acercaron a lo más humano que tiene un poeta, que no siempre es su poesía. En el caso de Rabanal fue la poesía precisamente quien nos acercó, acaso respondiendo al mandato de aquella máxima resumida de nuestro amigo y vecino Gabriel Celaya: «La poesía crea amistad».

En los días del año de 1974 recibimos una carta en la redacción de la revista Kurpil, que publicábamos un grupo de artistas y escritores en San Sebastián. El remitente nos saludaba, dando la enhorabuena porque existiera una revista de ese género, y nos pedía humildemente que, si nos gustaban, publicásemos alguno de los poemas adjuntos. 

Luismi tendría entonces 16 años, calculo, y en el número inmediato de la revista publicamos dos poemas suyos. Recuerdo el alborozo con que nos agradeció en su siguiente misiva aquella publicación. En alguna carta posterior nos dijo que su pasión era el fútbol y la poesía, no se inclinó por ninguna de ambas pasiones, aunque la mayor era vivir. Vivíamos en un tiempo oscuro y con el deseo no disimulado de que el dictador la palmara. 

Publicamos algún poema más en nuestra revista y, de pronto, en los primeros años ochenta del siglo que nos ocupa, sobrevino un silencio total, ausencia de comunicación y noticias sobre Rabanal.

Quise interesarme por su paradero y pregunté a algún escritor leonés, quien no supo darme noticia de Luismi, y en varios casos ni sabían de quién les estaba hablando. Uno de aquellos escritores a quien demandé noticias del de Riello fue nuestro querido Victoriano Crémer. Me dijo que no tenía información, pero que iba a preguntar por él a Antonio Gamoneda. Antonio sería, andando el tiempo, el principal valedor de la obra del poeta de la Omaña.

Meses después quedé con Crémer en una cafetería de una contracalle de Ordoño II, con la secreta intención de saber si había noticias de Rabanal. Me confesó un poco aturdido que se le había olvidado plantear la cuestión a Gamoneda, pero que lo iba a intentar por otro camino.

Como mis viajes a León se distanciaron y no volví a verme de momento con Crémer, el asunto no se resolvió. Pasado el tiempo, me entero de que había nacido en León una nueva revista de creación literaria ‘Alcance’, sería por 1978, dirigida por Gaspar Moisés Gómez, y con un equipo en el que estaban Alfonso García, Antonio Merayo y Ángel García Aller. Conocí con cierto detenimiento la obra de Gaspar Moisés en 2014, con la adquisición de tres de sus libros en la librería Valderas. Por Virginia Navarro supe a su vez que Gaspar estaba bien de salud y que solía venir por esa pequeña catedral que es su librería. Bien, en ‘Alcance’ encontré algún poema de Rabanal, y llamé en alguna ocasión a la revista, pero no di con nadie, salvo con un contestador automático. Sí tuve una carta de Gaspar Moisés, que me pedía algún poema mío. Como era mi costumbre, le remití un poema de Fernando Aramburu, que éste me había dedicado a mí.

Escribí al colega leonés Ernesto Escapa, que por aquel entonces vivía en Valladolid y dirigía la editorial Ámbito, preguntándole por Rabanal. Nada pudo decirme de su paradero, a pesar de ser nacido, como él, en la Omaña. Estuve a punto de poner un anuncio en el periódico, reclamando noticias de Luismi. 

De pronto nació Internet. Cierto día de 1999, posiblemente de 2000, recibí una mensaje privado de Luismi. Sentí inmensa alegría. Nos escribimos, me contó en breves líneas su drama, su paradero, su vivir sin vivir. Me dijo que desvivía en todo caso en Avilés, es decir, ahí al lado, y le pedí la dirección para ir a verle ya mismo. Me pidió amable y sinceramente que no lo hiciera. Me sugirió que, para cualquier comunicación, hablara con su mujer, su ángel cotidiano, y madre de su hijo, la también escritora María Jesús Romero Nizieca. Dediqué a ambos sendos poemas en mi libro ‘El bosque no es un árbol repetido. Sonetos y soñetos’ (Huerga y Fierro, 2023). Me lo agradecieron vivamente. Seguía sus pasos, los que ahora me ha negado a mí la vida. Un día me dijo que publicase un libro de Salvador Negro, poeta que, como a él, había vindicado con fervor Gamoneda. Sólo quisiera decir que no me olvido de Luis Miguel Rabanal y que invito a que sigamos leyendo su poesía, durante el tiempo que nos reste.

Félix Maraña es escritor vasco, de origen leonés.

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