Algunos tuvimos que oír esa típica cantinela de que los sindicatos practicábamos el alarmismo, pero más de dos meses después, la multinacional finalmente se quitó la careta y desveló sus planes: cerrará la fábrica de Villadangos. Ahora los avestruces sacan las cabezas de sus agujeros en la tierra y corren despavoridos, con la urgencia de ser los primeros en los titulares de los periódicos. Y el jueves, en la manifestación convocada en defensa del futuro industrial de nuestra región lucirán sin duda buscando la foto. Pero, como buenos avestruces, su instinto les pedirá volver a meter la cabeza en un agujero cuando los ‘alarmistas’ señalemos la gravísima dinámica en la que entrará León con este golpe de los negreros daneses y considerarán exagerada la petición de un plan estratégico nacional que evite la creación de un desierto poblacional en el noroeste de España.
Otros avestruces simplemente no irán a la manifestación. En la oscuridad de sus agujeros seguirán pensando que los problemas del exterior simplemente no existen.
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