Es indudable la existencia de excelentes cómicos en este país –Dani Rovira, J.J. Vaquero, Nacho García, Dani Martínez y muchísimos más–, pero no todos tienen este nivel. En el caso de las mujeres, sucede similar. Sin embargo, si una no es brillante, automáticamente se asume que las mujeres no son graciosas o que nadie reirá con su humor. Por suerte, los datos reflejan lo contrario: Estirando el chicle –un ‘podcast’ de Carolina Iglesias y Victoria Martín– es el más escuchado de España y mujeres como Penny Jay, Martita de Graná o Inés Hernand venden y llenan teatros en escasos minutos. Por tanto, que los altos cargos de una de las más míticas salas de comedia sigan considerando que las mujeres no hacen gracia, que no van a vender entradas o que no tienen nivel, dice mucho del tipo de comedia que permiten en su establecimiento.
Es asqueroso, retrógrado y completamente machista que aún tengamos que demostrar que somos cualquier cosa. No quiero contar un chiste para que se vea que soy graciosa, me aburre tener que explicar lo que es un fuera de juego cuando digo que me gusta el fútbol y es un hartazgo tener que mencionar tres canciones de Extremoduro si comento que escucho bastante música rock. Ya basta de tener que vivir y escuchar todas estas tonterías. Virginia Riezu acuñó el término «las con micrófono» –en referencia a las Sinsombrero– y razón no le falta: da igual si es comedia, periodismo, ciencia o ingeniería; tenemos una voz y no nos vamos a callar.
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