Se cumplen 450 años de la muerte, el 8 de enero de 1576, de Lope García de Castro, uno de nuestros paisanos más ilustres, que llegó a ser gobernador y capitán general del virreinato del Perú, y presidente de la Audiencia de Lima entre 1564 y 1569 –por aquel entonces, bajo soberanía española, en tiempos del rey Felipe II–; y del que muchos leoneses quizá nunca hayan siquiera oído hablar. Esta es, pues, una buena ocasión para conocerle un poco mejor, ¿no te parece?
Nació a principios del siglo XVI en Villanueva de Valdueza –actualmente una junta vecinal del Ayuntamiento de Ponferrada–, y se licenció en leyes y fue catedrático en Salamanca. Tras desempeñar diferentes cargos –entre ellos, oidor de la Real Chancillería de Valladolid y consejero de Indias–, en 1563 fue enviado por Felipe II al Perú, en donde el virrey, el conde de Nieva –Diego López de Zúñiga y Velasco–, no estaba siendo precisamente ejemplar; y tras un viaje accidentado, entró en Lima el 23 de octubre de 1564.
El conde de Nieva había muerto –en extrañas circunstancias, dicho sea de paso– meses antes, y García de Castro gobernó hasta la llegada del nuevo virrey, Francisco Álvarez de Toledo, a quien entregó el poder el 30 de noviembre de 1569. Meses después regresó a España y retomó su cargo en el Consejo de Indias.
El 2 de enero de 1576 –seis días antes de morir en Madrid–, Lope García de Castro había indicado en su testamento su voluntad de recibir sepultura en la iglesia de su pueblo natal, Villanueva de Valdueza, en donde se habría de señalar «un marco de 12 pies de largo y otros 12 de ancho» en el que estuvieran su tumba y la de sus padres.
«Aquí está enterrado», me decía el otro día Aquilino Blanco, presidente de la junta vecinal, mientras visitaba el templo parroquial –una construcción de época románica, con suelo de madera y que conserva pinturas murales–; y así se indica en un cartel. Pero –es una lástima– no hay lápida. En la sacristía, eso sí, se encuentra un Crucificado con rasgos indígenas…