No es fácil el llegar, caminando por el Camino, valga la redundancia, y eso que, al menos últimamente, se le ha puesto un poquito de atención, porque en los últimos tiempos, más o menos cien años, la avidez constructiva, bien acompañada de la dejadez administrativa incluso, quizá, de su complicidad, lo habían puesto un tanto difícil y poco amable.
Históricamente el Camino de Santiago (realmente, a bien decir, El Camino Francés a Santiago) utilizó, sobretodo en sus inicios, las calzadas romanas, que en estas tierras era la Calzada XXXIV Ad Asturica Burdigalam que comunicaba Burdeos con Astorga, y que era lo mejor que se podía tener en aquellas épocas, aunque luego canibalizó, también, las sendas, los caminos de la Mesta y lo que fuera de menester.
Con todas sus limitaciones, vivió una explosión de peregrinos, a pesar de que hacerlo era una verdadera operación de riesgo, no solamente por los medios de transporte que había (a pie, a caballo o en carromato), sino por los peajes que se cobraba por pasar por un lugar o, aún peor, por ser atracados en cualquier parte muy a pesar de la vigilancia y labor de policía que hacía la Orden del Temple.
Con tantos siglos de existencia, y con todos los avatares que la península tuvo en ellos, su trazado fue variando, no radicalmente, pero sí por oportunidad o necesidad, incluso guerras, que de todo ha habido.
En las villas pequeñas, la gran mayoría, el trazado del Camino se convirtió en la calle ‘Real’, y la edificación se ordenó en su alrededor, pero en las que se hicieron grandes, la cosa ya atendió a otros intereses, a veces por necesidad urbana y a veces, por puro negocio o interés particular.
Así la trama urbana, desde el centro hacia la periferia de las ciudades, se estructuró con poca o ninguna consideración a esa preponderancia de ser la calle Real, y más aún cuando esos desarrollos fueron tomando cada vez más fuerza precisamente coincidiendo con la pérdida de interés y valor del Camino a partir del siglo XV.
Pero cuando en los años sesenta el que entonces era Ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, pone en marcha su revitalización, lanza el Camino y promueve la Red de Paradores por toda España (y en el Camino, el de Santo Domingo de la Calzada, León, Villafranca del Bierzo y Santiago de Compostela), el mal ya está hecho: el trazado dentro de la ciudad se ha hecho complejo, y mucho peor es el acceso, víctima, sobre todo, de carreteras proyectadas, pasos elevados y construcciones a su aire, laberíntico, forzado y poco amable. La entrada desde Mansilla es para vivirla: giros, pasarelas, sendas y… al fin entramos en la ciudad.
Así, después de años y años con la ‘amenaza’ de un Plan Especial para Camino de Santiago, finalmente, éste se sustancia en los primeros meses del año pasado: se reconoce la ruta urbana y se plantea la ordenación de trazado, desde la entrada hasta la salida. Ya era hora.
Ese Plan ‘planea’ transformar el trazado urbano con unos fondos europeos (cómo no) y las arcas municipales durante el quinquenio 25-30.
Se trata de adecuar el paso por el Rollo de Santa Ana, el centro y la continuación hasta algo tan significado como San Marcos y algunas cosas no exactamente situadas en el recorrido, pero que pueden ser interesantes turísticamente para el peregrino como las murallas, unas y otras.
Hoy, o mejor hace unos días, la corporación municipal, ha aprobado iniciar la intervención para mejorar el Puente de Castro, el puente de Puentecastro en el lenguaje popular, algo que va más allá de lo que la propia intervención material, si se mira, como yo lo miro, desde un punto de vista de quién ‘hace’ el Camino.
Y me explico: hace unos cuantos años, Óscar Campillo, conocido en esta casa, me puso en contacto con Félix Pacho Reyero, el primer director de la antigua Crónica. Por aquellos entonces, andaba yo dibujándolo (ahora también, que conste) y lo que se pretendía era hacer un libro en el que Félix, muy conocedor del Camino de Santiago y natural de Calzadilla de los Hermanillos, escribía y yo dibujaba, y como de eso ya había mucho, a Félix se le ocurrió hacerlo de algo que es esencial para el peregrinaje por los siglos de los siglos: los puentes y las fuentes del Camino, dos elementos esenciales sin los que la ruta habría sido imposible. Por desgracia, falleció dos años después y el proyecto se quedó en el cajón.
Aquello me hizo valorar algo en lo que pocos se fijan como son esos muchísimos puentes que posibilitan atravesar los muchos ríos que la ruta corta. Y si se sigue la historia, son muchos los que reyes, reinas, abades y santos levantaron o reconstruyeron primariamente para el Camino, asi que, el que se mejore el Puente de Puentecastro, que es el de entrada, me parece magnífico, y más aún porque, además de éste, en el Plan está hacer lo mismo con el de San Marcos, que es el de salida.
Que sea pronto.
Ah! Y todas las demás actuaciones también.
Por cierto: el próximo año 2027 es Año Santo Compostelano.

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