Llegadas estas fechas Busmayor deja de figurar en el calendario de las ausencias entre los pueblos vaciados como aquél que abandonaron mis padres camino de las minas de Fabero, lugar en el cual mi madre lavaba al candil durante la noche mientras mi hermano Fernando reponía el carburo consumido, contemplaba el firmamento y se entusiasmaba con aurigas que atravesaban el cielo en brillantes bigas candidatas a un trono estelar.
Llegadas estas fechas. Siempre estas fechas. Más o menos próximas las farolas, el asfalto, la hierba enhiesta y bien ceñida en los pajares, las laderas del Carballón, los muertos conversando en el campo santo del Vistolín. Cantos de lluvia y paz para los labios azules de estos muertos tan míos. Un silencio hilado con mimo para escucharlos mejor.
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