Si hace dos semanas me preguntaba si estaría acazurrándome, hoy, y aún los años ya vividos en este estado jubiloso que el vulgo llama jubilación, me pregunto si el haber sido tantos años funcionario público y saber algo, muy poco, de contratación pública, me habrá imprimido carácter cual de un sacerdocio o una milicia se hubiese tratado. Pero vamos a lo pendiente, a mi torpeza para entender la limpieza urbana o su ausencia.
Cómo entender que si el día 11 de septiembre, en programa radiofónico, el señor alcalde, ante las quejas con respecto al estado de la misma, hizo gala de las inversiones llevadas a cabo en maquinaria de limpieza para, a la semana siguiente, 18, en el mismo programa y contestando a las quejaderas sobre el mismo asunto, salga diciendo que “… uno de los principales problemas que nos genera ahora mismo, y que quiero que también los ciudadanos lo conozcan o lo entiendan, es que hemos realizado una importante inversión durante estos años en maquinaria de limpieza, pero como consecuencia de la plantilla municipal, en la que ha habido un número importante de jubilaciones, nuestros efectivos se han reducido de una manera considerable y eso hace que mucha de la maquinaria no pueda ser usada porque no había posibilidad de reposición. Nuestra tasa de reposición y aunque la hay y tenemos en oferta pública de empleo algunas plazas, es muy lento en la administración. O sea, no es mañana me jubilo y pasado mañana viene uno…”. ¡Pobre Administración!
Mas, ¡oh sorpresa!, el tres de octubre me encuentro con que “el Ayuntamiento invertirá 700.000 euros en la compra de cuatro nuevos camiones” y el día siete que “El Ayuntamiento de León contrata a 10 personas para mejorar el servicio de limpieza” así como que, faltaría más, “estas incorporaciones se dedicarán esencialmente a las zonas turísticas y de ocio”. ¡Ole!
Conste que, amén de por la suciedad reinante aun menguante, escribo esto porque, para mí, en estos temas, la Administración no es lenta, es cautelosa, y es el Ayuntamiento o la concejalía correspondiente el nefasto/a en su previsión tanto de maquinaria a adquirir como de personal a sustituir por jubilación. Porque digo yo: ¿quién encarna el ánima y el ánimo, y más en una corporación socialista, de la Administración? ¿La improvisación?
Poco diré de la chanza que armó el grupo parlamentario popular al interrumpir, a ovación cerrada, el: ”…se aplaude al indecente…» de su amado líder, Feijóo,. ¡Qué autogol! ¡Vaya tropa! Y conste: no me río. Me…
¡Salud!, y buena semana hagamos.