Habla nuestro Luis Mateo de «Escribir contra la desaparición» Y este cronista, viéndose hace años en peligro de desaparecer su profesión de profesor de conducción, redactó un librito que, por tener la tapas amarillas, fue titulado así: El libro amarillo. Y, curiosamente, después de 30 años, vuelve a repetirse la situación.
Como es público y notorio, y este mismo periódico se hace eco de ello (23. 8. 26) y como sucede que este cronista y dos de sus hermanos, y sobrinos, y su hija, viven de ello, todo nos lleva a hablar del problema de la falta de examinadores de Tráfico para obtener el permiso de conducir, lo que está causando graves problemas en la sociedad y la amenaza de cierre por derribo de las autoescuelas de conducción. Es como si un colegio privado tuviese preparados 100 alumnos para el examen de bachillerato y tan solo le admitiesen a 10.
¿Es tan difícil encontrar examinadores? No. No se trataba de eso ,sino de una estratagema para llegar a una idea que consistía en «modificar el sistema» y adecuarlo al modelo francés. Que los jóvenes puedan obtener su permiso de conducción en la FP, lo que supondría la práctica desaparición de las escuelas de conducción.
Confirmadas las sospechas, se le encargó a este cronista la redacción de un librito. Así se propagó la noticia por todo el país, y se pusieron en marcha las protestas, no sin dejar de enterarse a fondo del follón. ¿Qué había detrás?
Nada menos que la colocación en la FP de cientos de amigos del gobierno adeptos al sindicato aquel. ¿Y cual era su plan? Crear un nuevo titulo: el de Profesor de formación vial, que fuera necesario para este nuevo puesto de enseñanza en la FP.
¿Y, qué decidieron los Profesores de auto escuela? Apuntarse todos a los cursos que la Jefatura puso en marcha y obtener así el nuevo título. Ello provocó que Tráfico reculara y lo dejara estar. No sé por qué, muchos se barruntan que algo de eso puede estar pasando cuando hace meses que Trafico no dispone de examinadores y tiene de nuevo en vilo, no solo a los solicitantes del permiso, sinó también, de nuevo, a todas las auto escuelas del país.
El cronista no se ve capaz de volver a redactar otro libro amarillo. Ni siquiera se ve capaz de aconsejar a la familia que no se deje amilanar. ¡Los tiempos han cambiado tanto¡ La política, no; la política, al parecer,, continúa igual. ¿Los intereses del pueblo? ¿De qué me habla usted?
Tiempo amarillo en el que la generación de ancianos no se cansa de llorar.
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