Independientemente del motivo de la elección del título, parece claro que el leonés más famoso de este año es José Luis Rodríguez Zapatero, ex presidente del gobierno. Hace más de cincuenta años que conocí a la familia paterna de Zapatero, incluida la abuela. Muy buena gente. Lo que nadie podía imaginar en aquel momento es que aquel adolescente llamado José Luis, que visitaba con frecuencia el pueblo de sus tíos, llegaría a ser presidente del gobierno español. Ni siquiera en víspera de las elecciones que le llevaron a la presidencia. Fue un tremendo atentado terrorista, el 11 M, el que dio la razón a los terroristas y la vuelta a las encuestas que dudaban si Rajoy tendría o no la mayoría absoluta.
No vamos ahora a entrar en el tema por el que Zapatero está ahora tan de actualidad. La justicia será quien tenga que decidir. En caso de ser ciertas las acusaciones, sería realmente algo muy grave que pondría en evidencia el cinismo, la hipocresía y la complicidad de quienes le defienden. Y, si es mentira, que la justicia lo aclare. Ciertamente nos parece que lo más grave de la época de Zapatero, que no excluye actuaciones acertadas, serían cuatro cosas en las que deseamos hacer hincapié.
Una de sus primeras decisiones, nada más retirar las tropas de Irak, fue la paralización de una excelente Ley de Educación que no llegó a estrenarse: La LOCE, Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza. El PP soportó durante varios años la desastrosa Logse, que tanto daño hizo a la educación y elaboró con calma la nueva ley, la Loce, pensando ponerla en práctica en el que se presumía futuro gobierno de Rajoy. Zapatero le practicó el aborto y Sánchez culminaría su labor aprobando en plena pandemia, con nocturnidad y alevosía, la actual Lomloe. La gente no es consciente de este atropello.
Una segunda decisión, nefasta, fue la puesta en marcha de la Ley de Memoria Histórica, más tarde apuntalada con la Ley de Memoria Democrática. Unas leyes sesgadas y tendenciosas que han venido a sembrar la discordia y a abrir viejas heridas, en un pueblo reconciliado, que además ya había sido gobernado durante bastantes años por la izquierda después de la transición a la democracia. Sin duda ha tenido en Sánchez un excelente sucesor y experto en la manipulación de la Historia.
A todo esto podemos añadir la traición y claudicación de Zapatero ante los separatistas y enemigos de España, corregida y aumentada por Sánchez. Y también la connivencia con la dictadura venezolana. Concluiremos que los efectos del 11 M han sido devastadores.