Durante la conversación entre el empresario Arthur Ruskin y el periodista Peter Fallow en la novela ‘La hoguera de las vanidades’ de Tom Wolfe, el magnate alardea de que la clave del éxito recae en la capacidad de tomar decisiones; es esa acción la que deja un reguero de malas elecciones, pero entre ellas siempre se vislumbran algunas positivas que marcan la diferencia ante una sociedad que tiende al conformismo.
A Donald Trump se le podrá acusar de muchas cosas, pero no de ser un errático congelado por la indecisión. El presidente de los Estados Unidos toma decisiones; para bien o para mal, es contundente con sus acciones. Hemos empezado el año con el derrocamiento de Nicolás Maduro por intermediación de unos bombardeos ordenados por la potencia norteamericana. Cumplió su promesa y, desplegando la doctrina Monroe a todos los efectos, está velando por la puerta trasera de su rancho. Actitud que será osada para muchos, pero que refleja un precedente en la jurisdicción de las normas de cómo hacer política.
En León llevamos años siendo víctimas de un inmovilismo que, si bien es cierto que ahora ha sufrido un pequeño y perezoso chute de adrenalina, no termina de despuntar. Tenemos unos dirigentes que, bien por los obstáculos de su entorno gubernamental o por su propia timidez, no arriesgan a la hora de tomar medidas que supongan un revulsivo para nuestra provincia. Llevo tiempo diciendo que nuestros políticos están muy acomodados en el Estado del bienestar; saben que en este sistema establecido y cocinado por nuestros padres constitucionales, lo único que hay que hacer es subir y bajar impuestos, no molestar demasiado y dejar que los años pasen como la marmota. En 2026, en esta nueva vuelta al sol, no tenemos ningún aliciente para que la situación de nuestra tierra cambie; sabemos que los dirigentes no son capaces de llevar a cabo acciones que den la vuelta a situaciones que requieren, paradójicamente, golpes de timón para que el barco no se hunda. Así, los que gobiernan prefieren permanecer tocando el violín mientras el transatlántico es pasto de la marea del bloqueo.