En realidad, no es exactamente así. No es que León merezca una terminal de carga, es que una terminal de carga, para esta zona, sólo puede estar en León. Me he venido un poco arriba, porque otras provincias también, pero en los momentos actuales, en que la logística del transporte material es esencial para cómo se mueven los productos (antes, cuando Renfe tenía algo que decir, eran las mercancías), esta provincia tiene todos los números para cualquier sorteo que tenga como premio esa terminal.
No sé cuántas veces lo he escrito, desde luego, más de una, que es lo que pasa cuando se llevan quince años escribiendo esta columna de opinión sobre construcción, urbanismo y cosas varias aledañas al tema: hasta los romanos entendieron que era el sitio lógico para controlar el noroeste.
Esta situación estratégica fue la clave por la que aquí estaba la central de la 7ª Zona de Renfe, o la de telefónica, o de la Guardia Civil. Hasta era la sede del Colegio de Arquitectos de León, Asturias y Galicia (hasta que llegaron las Autonomías y Asturias y Galicia se organizaron en su comunidad).
Y es esta una razón básica, sobre todo en este juego económico de «buscar tu nicho». Porque esa es la clave, mal que nos pese y nos moleste que Aena, y no solamente Aena, nos diga que hay que partir de la iniciativa privada. Lo contrario, hagamos la terminal y luego busquemos clientes, no tiene lógica, por mucho que la ubicación sea magnífica. Y para muestra basta un botón: tenemos una estupenda terminal, que muchos la quisieran, pero infrautilizada.
Por ejemplo, durante muchos años, el mayor puerto pesquero de España era el aeropuerto de Foronda, en Álava, porque allí aterrizaban diariamente decenas de aviones de carga… con pescados de todo el mundo, especialmente Chile y Argentina. Y aquello fue una iniciativa de la entonces Caja de Ahorros de Álava, y un grupo de empresarios.
No sé si hoy sigue siéndolo, pues Mercadona situó en Zaragoza su centro de tratamiento y manipulación de pescados, y para allí se fue una buena parte de la carga. La iniciativa privada, por delante.
O sea que posibilidades hay. Lo difícil es encontrar el qué, luego el quién… y finalmente desarrollarlo.
Así que parece evidente que, o acudes a la iniciativa privada para dar salida a la terminal de carga, o no hay nada que hacer.
Y no es que aquí no se haya intentado, pues ya en 2013 la hubo, aunque sin resultado.
Se trataba no de hacer una terminal de carga, al menos inicialmente, sino de traer un centro de revisión, mantenimiento y reparación de aviones. No de los Boeing y Airbus, que ya tenían sus centros de operaciones, sino de los de capacidad media, los Embraer, Bombardier, ATR y demás, de alrededor de 100 pasajeros.
El aeropuerto de la Virgen tenía pista de suficiente longitud, poco tráfico (y ahora menos) y espacio para las instalaciones no faltaba.
Había entonces, como sigue habiendo ahora, complicaciones urbanísticas y administrativas: los terrenos están a caballo de San Andrés del Rabanedo y Valverde del Camino, y el uso de una buena parte de ellos es del Ejército del Aire (hoy, además, del Espacio).
Por ejemplo, los accesos son escasos y complicados para las necesidades actuales, ni que decir lo escasísimos que serían para un tráfico de mercancías de gran volumen.
Pero la idea era realmente buena, pues el nicho de revisión de esos aparatos, por sus propias características técnicas, dejaba un buen margen de negocio.
En cualquier caso se precisaba la cooperación de la administración, no solamente para permisos, sino también para las infraestructuras de accesos, desde el propio núcleo de la Virgen, de la Autopista a Asturias, o, aún mejor, de completar la Ronda Norte.
La verdad es que palabras, y buenas, buenas las hubo de todas partes.
Por parte del Coronel Jefe de la Base todo fueron facilidades, aunque la decisión final dependiera de más altas instancias, además de los permisos de Aviación Civil.
También la Junta estaba dispuesta, y conversaciones hubo con el entonces era el Consejero de Fomento, Antonio Silván.
En todo aquél proceso se vio, también, que la situación de la pista y la orografía totalmente plana, hacía muy interesante plantear en los terrenos al norte de aquella, un polígono de almacenaje, lo que optimizaba la operación general. Además, eso era una razón más para completar la Ronda Norte, ya que todo el polígono queda justo entre ella y la pista. Era perfecto.
Pero nada llegó al final. Quizás fuese ese último anexo, pues Villadangos estaba ya en marcha y era una duplicidad innecesaria, incluso molesta, o que, también, el empresario, vasco por más señas, se desinfló, todo aquello quedó en aguas de borrajas.
Pero no perdamos la esperanza, que ya van ya dos intentos, y si los dichos populares tienen razón, a la tercera va la vencida.
