Mi cuñado malagueño (todos tenemos un cuñado malagueño, no importa que no sea de Málaga) lleva ya años preguntándose, a la vista de las noticias negativas que publica la prensa leonesa un día sí y otro también, por qué no ponen una ya que diga, en portada y a cinco columnas : ‘León: liquidación por cierre’.
Mi cuñado malagueño, que sólo visita la provincia en vacaciones, últimamente se pregunta, además, si en León queda ya algo por cerrar después de años liquidando empresas, negocios, explotaciones agrícolas y ganaderas, escuelas y hasta pueblos, cuyos censos existen solamente en el padrón. Yo me hago la misma pregunta que él, pero, como me duele más, intento aferrarme al mínimo atisbo de optimismo, a cualquier clavo imaginativo, a la menor esperanza de recuperación, aunque termine reconociéndole que el futuro de León pinta cada vez peor. Cuando a una provincia le dicen que pierde población año tras año, que sus jóvenes se van cada vez en mayor número, que las empresas huyen de ella o desaparecen, que su población activa es la más baja del país y que su censo ha retrocedido a cifras de hace setenta años, lo que le están diciendo es que se muere, como al enfermo al que el médico le comunica que sus constantes vitales bajan sin solución a la vez que su tensión se apaga, prueba de que su final se acerca.
Me llamarán derrotista muchas personas (ya estoy acostumbrado a ello) y me tildarán de aguafiestas esos políticos que –desde los primeros años de la democracia algunos – dicen representar a León sin que los leoneses sepan qué hacen realmente, pero los datos cantan por sí solos. El último: que la provincia ha perdido 90.000 habitantes en los últimos quince años, retrocediendo a la población que tenía en 1.940, debería ser suficiente para que dimitieran todos y para que los leoneses se dieran cuenta de una vez por todas de la gravedad de su situación y reaccionaran de alguna manera. Lo contrario será prolongar la agonía como la de esos enfermos que se niegan a ver la realidad o la de esos pueblos languidecientes en los que sólo falta ya que alguien escriba en el cartel de la carretera, como yo he visto en algunos de Soria: ‘El último que se vaya, que apague la luz’.
Yo, de momento, complaciendo a mi cuñado malagueño, cuya visión de la realidad leonesa tiene la credibilidad de quien ve una provincia –la suya: Málaga– crecer a ritmo vertiginoso mientras que la de su mujer se despuebla y empobrece de año en año, me limito con gran dolor de mi corazón a titular este artículo como él piensa que debería hacer en portada el periódico: ‘León: liquidación por cierre’.
León: liquidación por cierre
10/04/2016
Actualizado a
18/09/2019
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