Este mes de abril la Junta de Castilla y León ha publicado los datos de inversión extranjera en la comunidad. Este capital llega con vocación de quedarse y de influir en la empresa en la que entra. No son movimientos oportunistas, sino decisiones empresariales que buscan producir y consolidarse en un territorio. Por eso es uno de los mejores termómetros para medir la competitividad real de una economía.
En 2025, Castilla y León captó 581 millones de euros de inversión extranjera, un 185 % más que el año anterior. España, en conjunto, retrocedió un 22 % hasta los 30.764 millones. La comunidad destacó en un contexto nacional menos favorable.
El perfil de esa inversión también importa. Bélgica lidera el origen del capital con 240 millones, seguida de Portugal e Italia, con algo más de 70 millones cada uno. Y los destinos sectoriales son la fabricación de material de transporte, agricultura y servicios asociados, energía, industria alimentaria e I+D. Es inversión productiva, ligada a industria y a actividades con capacidad de generar cadena de valor.
Conviene no leer Bélgica de forma literal. Una operación inversora puede aparecer como belga, aunque el origen que está detrás sea otro, si la inversión entra a través de una sociedad o un fondo domiciliado allí. Eso suele apuntar a una o pocas grandes operaciones, bien estructuradas.
Cuando se baja al mapa provincial, la foto cambia. En el ranking de provincias que más inversión extranjera reciben en España aparecen Madrid, Barcelona, Zaragoza, Sevilla, Huesca, Valencia, Murcia, La Rioja, Gerona y Cantabria. Ninguna provincia de Castilla y León figura en ese grupo. La comunidad mejora, sí, pero todavía no sitúa a sus provincias entre los grandes polos de atracción de capital.
En ese contexto, León no está al margen, pero tampoco en primera línea. Villadangos se ha consolidado como un importante nodo industrial. El nuevo centro logístico de DIA con 42 millones de euros y 150 empleos y la expansión industrial de Indra en Castilla y León, con 40 millones y unos 500 empleos cualificados que también beneficiará en parte a León, apunta hacia sectores de mayor valor añadido. A eso se suma una cartera autonómica de 1.048 proyectos interesados en invertir, con 221 en ejecución. León tiene, por tanto, base real para aspirar a más.
Podemos entretenernos en lo accesorio, lamentando lo que otros tienen que no tenemos en León, pero la solución pasa en gran parte por nosotros. León tiene activos, tiene proyectos y forma parte de una comunidad que está logrando atraer inversión internacional. El siguiente paso va más allá de simples declaraciones políticas, el siguiente nivel exige una ejecución efectiva, obligándonos a pasar del diagnóstico a las realidades. Transformar nuestros activos en proyectos concretos, con mayor tamaño y continuidad. La inversión extranjera no responde a expectativas, sino a condiciones reales. Suelo disponible, energía y tiempos administrativos razonables. Cuando encajan, el capital llega.