juan-pablo-garcia-valades-3.jpg

León: la batería del éxito ajeno

13/02/2026
 Actualizado a 13/02/2026
Guardar

La semana pasada analizaba en estas mismas líneas cómo la falta de transformación del maíz nos cuesta un 3 % del PIB provincial. Hoy abordo la segunda vía por la que León exporta su prosperidad. Ya no en camiones de grano, sino a través de líneas de alta tensión. Si en el sector primario somos el granero de España, en el energético fotovoltaico nos hemos convertido en la «batería» del noroeste. Una potencia generadora que alimenta los motores industriales ajenos mientras buscamos, a veces sin rumbo, nuestra propia reindustrialización.

Para entender la magnitud del fenómeno hay que mirar el suelo. Hace apenas una década, la fotovoltaica en León era testimonial, lastrada por un marco regulatorio incierto. El escenario en este 2026 es radicalmente distinto. Tras el cierre del ciclo térmico, la provincia vive un despliegue que nos sitúa cerca de los 1.800 MW de potencia instalada o en tramitación avanzada (el consumo de más de 1,2 millones de hogares). Teniendo en cuenta que cada megavatio requiere unas dos hectáreas, esto supone que 3.600 hectáreas de suelo leonés han cambiado su uso tradicional por la captación energética a gran escala.

Los promotores de dichos parques buscan la planicie del Páramo y Tierra de Campos por sus bajos costes de obra civil, y la «herencia minera» del Bierzo y la Montaña Central. Los nudos de evacuación de Compostilla y La Robla son autopistas eléctricas que permiten verter gigavatios a la red sin las inversiones millonarias que requerirían otras zonas, aprovechando una infraestructura que antaño movía el carbón y hoy, el sol.

Aunque esa electricidad se vierte al Pool Nacional, la estructura de la red nos permite trazar su destino. Salvo la excepción del consumo en Villadangos, León actúa como el ‘enchufe’ que garantiza la competitividad de los hubs vecinos. Nuestros parques solares son el soporte vital para el clúster de la automoción en Valladolid y Palencia, y para la industria electro-intensiva de Asturias como la siderurgia o el zinc, que, sin el aporte leonés, vería comprometida su viabilidad. Incluso parte de la demanda vasca se sostiene gracias a nuestra exportación energética.

Estamos cayendo en la «trampa de la commodity». Nos conformamos con la parte baja de la cadena de valor: la generación. El modelo deja en nuestros ayuntamientos ingresos fiscales que alivian las arcas municipales, pero el verdadero Valor Añadido Bruto con empleo cualificado, ingeniería y centros de control de red, se genera allí donde se consume esa energía para fabricar coches o acero.

No se trata de demonizar las placas, sino de usar nuestra ventaja. Si León produce la energía más barata y limpia, la industria debería venir a León, no la energía viajar a la industria. El diferencial de costes y la cercanía al recurso deberían ser el incentivo para atraer empresas electro-intensivas junto a la fuente de generación. No podemos conformarnos con ser la batería de otros, tenemos energía de sobra para encender nuestro propio motor y liderar una nueva era industrial.

Lo más leído