Y después de decir canícula miraba al tendido, como preguntando «¿qué?»; hasta que Sidoro nos sacaba de la patá:
- Canícula, ¡qué pijada!, es la calor de toda la vida de dios.
- ¿Qué vas a esperar de este que al paisano le llama peatón?
La verdad, poco. Pero vuelvo al suco, que me esnorté. Venía la canícula en lo tocante a que cuando sube por el puente del medio de las Hoces ya nos tenemos que poner en posición de prevención los que nos ha contratado la Diputación como guías de la ruralidad. Es decir tenemos que poner las canillas al sol a ver si se reduce algo la variz;hay que barnizar la cacha; comprar unas sandalias y una gorra de ‘Rincón por Rincón León’, que nos cambian por Santiago por«50 años de la Cueva de Valporquero».
Y después ya tenemos que hacer los cursillos atención al turismo rural, que los dan los mismos que daban antes los cursillos de cristiandad.
- ¿Ycómo sabemos a qué turistas tenemos que dirigirnos para explicar?
- Pues a aquellos que miren a las vacas como si les extrañara que les lleguen las patas al suelo.
Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.