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Las letanías electorales

29/11/2018
 Actualizado a 13/09/2019
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En este otoño de legislaturas caducas los políticos no saben sin son presidente o candidato, si son casi oposición o todavía Gobierno. Todo el mundo de paso, que en mayo florece otra nueva legislatura en los ayuntamientos, en la mayoría de comunidades autónomas, en el Parlamento Europeo y nadie es capaz de avanzar si el Congreso de los Diputados se renovará con los almendros o con la vendimia. «La democracia es el menos malo de los sistemas políticos», no nos cansamos de repetir a Churchill, pero se corre el vicio de acabar votando demasiado. Así, en este tiempo de parlamentos ingobernables y de inestabilidad constante las elecciones se amontonan, se sobrevienen, amenazan y alborotan al poder. Tanto que todos prometen y ninguno hace, al final nunca hay nadie gobernando.

Esta semana ha vuelto Juan Vicente Herrera con su carta de siempre a La Moncloa. La que lleva pasando a limpio los últimos 17 años. La entrega con tono reivindicativo y algunas veces como postura de comunidad,en una ceremoniosa tradición tan nuestra que podría haberse vendido hace unos días en cualquiera de los stand de Intur. Me lo imagino leyéndola con el mismo tono y la misma calma las ocho veces que lo ha recibido allí un presidente del Gobierno, con empaque de letanía. Cuatro distintos ha conocido ya la misiva y ahí siguen esperando la mayor parte de las peticiones. Al terminar, supongo que la dobla y la guarda en el bolsillo de la americana hasta la siguiente. Esta vez quizá no, que no habrá siguiente a no ser que Pedro Sánchez no llegue al verano, que nunca se sabe. Entonces puede que la deje en el maletín de presidente de la Junta de Castilla y León que seguro el próximo también la dará buen uso. Con esa parte preciosa de las autovías y los ‘AVES’ pendientes o aquella irrenunciable de la dispersión y el envejecimiento para una nueva financiación autonómica.

No sé qué dura menos si la promesa de candidato o la promesa de presidente, la mayoría acaban incumplidas. Y ahora que todos andan como Sánchez con problemas de personalidad no les envidio la jarana. Todos no, claro, que Herrera ha vuelto con su carta de siempre sabiéndose vestido solo de presidente y eso clarifica agradablemente las ideas. De hecho andar amortizado es la única posición que permite un discurso propio que no se deba a las siglas ni a las expectativas. Paradojas de la política. Por eso se ha atrevido a negarle a Casado la propuesta de recentralizar las competencias en educación y de paso ha vuelto a ajustarse la coherencia uno de los mayores fervientes defensores del autonomísmo útil y de que los servicios básicos se gestionan de forma más eficaz desde la cercanía. El problema es la falta de pactos de Estado y de una financiación autonómica suficiente, le habrá subrayado Herrera a su sucesor en el pliego al llegar al Colegio de la Asunción. El drama es que hace años que nadie Gobierna en Madrid sin la tranquilidad necesaria para abordar con tiempo y sin precampañas los grandes retos reales de esta España zurcida a golpe de urgencia.

Juan Vicente Herrera es solo presidente y Alfonso Fernández Mañueco ni siquiera es aún candidato, al menos proclamado oficialmente. Él ha dicho esta semana que la formalidad es lo de menos y no me extraña. Que los candidatos hacen cosas como las de Juanma Moreno Bonilla, que en la desesperación del PP en Andalucía acaba susurrando votos al oído de las vacas cordobesas. Aquí también tenemos vacas, pensara Mañueco, si las cosas se ponen feas.
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