Como personaje nadie duda de que Ayuso da mucho más juego que sus predecesores en cualquier saga, incluso en una supuestamente aburrida como la presidencia de una comunidad, por autónoma que sea. Ha de agradecerse que la de Madrid proporcione diversión y emociones a raudales. Para mí, Espe Aguirre era un poco un C3PO caído en el lado oscuro y Cifuentes algo así como el maestro Yoda sin estudios. Y mientras que Ángel Garrido apenas tomaba un vermú rápido en la cantina de Tatooine, Gallardón sin embargo, pertenecía al universo trekkie, ejemplar klingon. Pero un punto a lo princesa Leia sí tiene Ayuso, aunque su interior esté habitado, más que por la Fuerza, por un Chewbacca que aúlla sin que nadie le entienda, ganándose así nuestros corazones. No sé qué tiene Chewie que, pese al deje espeluznante de sus gruñidos, cae bien; para el público es un peluche grandullón y sin malicia. Un juguetito. Ayuso, esa wookiee con su pistolita láser disparando al tuntún, rodetes al viento, ha liberado Madrid de las garras del Imperio galáctico –que era… ¿el suyo?– gracias a una Fuerza (Nueva) y algo magufa. El resto de la galaxia, de León a Alderaan, incluyendo Badajoz y docena y media de sistemas planetarios del mismo exterior, continúa, sin embargo, bajo la opresión de fuerzas malignísimas. A New Hope: la lógica retrocede ante muy y mucho siderales fuerzas emanadas del espíritu rebelde de Raticulín. Nada tiene sentido. Algunos seguidores de aquellas galaxias tan lejanas celebran con sorna el 5 de mayo como «La venganza de los Fifth». May the 5th Be With You, Isabel.
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