De Trump, Gaza, Cultural Leonesa, incendios veraniegos, minería, premio Planeta, leonesismo, Monoloco, trama eólica… o setas en primavera. Hasta de Sánchez y ZP. Puedes escribir de cualquier asunto que nadie va a reaccionar, mas si lo haces sobre los perros urbanitas debes saber que no llevarás frío, cuenta con ello. Algunos te querrán linchar, no importa, tú insiste una vez, sólo una vez más, y déjalo ya.
Me agradan los perros, más que ningún otro animal. Tengo dos, ¡en el pueblo! Me gustan en la huerta, en el campo, en la finca, en el monte. No los quiero en un piso, encima del sofá, en el bar o en El Corte Inglés. No pintan nada ahí. Con ciertas mascotas aceptamos concesiones que no sirven para otras. Dije (y argumento) que estamos confundiendo animales domésticos con animales de compañía: la vaca también es animal doméstico, nadie tiene una en su apartamento, no es su sitio. Perdón, salvo Nisio el de Voznuevo, quien (según contaba el Goddo, que alquiló al lado una casa todo un verano para ver esa y otras cosas igual de extraordinarias) sí tenía una vaca en la cocina pero más domesticada de lo habitual: cuando llegaba una visita le pedía que saliera y ella salía despacio, dócil y discreta. Un precursor Nisio, tal vez; creó tendencia, lamentablemente y sin querer.
Al surco, como Ful. Digo que vemos cartelones de perros con esmoquin que nos recuerdan ese empeño de capital diseñada para ellos, por encima de niños o abuelos; aquellos tienen cien parques para hacer lo suyo pero (recordemos) hasta hace poco no había baños públicos urbanos, en una ciudad mayor/mente apurada por la próstata. ¿Más disparates?: zonas ajardinadas, y antes bien cuidadas, hoy con agujeros, sucias, hierba seca por orina y excrementos; multas a los chavales por mear cuando van de fiesta, no a los perros por lo mismo cuando levantan una pata; desalojo de inmigrantes en Badalona mientras la reina Sofía amadrina (para eso va quedando la realeza) una protectora de animales en Madrid; lloros por la mascota perdida (pronto legislarán días libres por duelo del chucho) aunque insensibles a los miles de muertos del Telediario; estampas estremecedoras como la señora que apenas puede con sus pantorrillas y es arrastrada literalmente por tres perracos, sin dar abasto con la correa, la compra, el paraguas, haciendo tales esparavanes que bien podrían convalidarle el cinturón negro primer dan; y estampas hilarantes como esa otra cándida mujer que recriminaba al chino de José Aguado pues no hablaba a su perro en castellano y así… ¿cómo le iba a obedecer?
En fin, ¿a dónde llegaremos? Quién sabe si en un idílico futuro de IA acabaremos por adoptar un robot y llevarlo de la mano a la universidad. De momento hemos pasado de mira qué niño tengo a mira qué perrito tengo (Trapi dixit). La paradoja es que el fenómeno mascota tiene mucho, o casi todo, de capricho: en nuestro país ciento cincuenta mil animales son abandonados cada año. Convendría poner sensatez en esto, no sólo en nuestra ciudad, en todo este país desorientado. Dije y digo, y fin.