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‘La Vieja del Monte’: mito autóctono

31/12/2025
 Actualizado a 31/12/2025
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En marzo de 2002, en nuestra recogida de ‘Leyendas de tradición oral en la provincia de León’, nos encontrábamos, en las tierras de la comarca de Babia, con la existencia de un personaje legendario, del que jamás habíamos oído hablar a nadie en León (ni ciudadanos ni investigadores), como era el de la Vieja del Monte.

Nos causó una gratísima sorpresa, al escuchar el nombre de tal personaje femenino (una anciana buena, frente al arquetipo de la bruja, como anciana mala), desconocido hasta entonces (salvo en el imaginario tradicional campesino, claro está), pues intuimos enseguida que estábamos ante un descubrimiento.

Luego después tal personaje se ha manoseado, convirtiéndolo (¡ay!) en una suerte de ‘mamá’ Noel o Reyes Magos, de tipo autóctono; cuando su proyección mítica y legendaria va mucho más allá.

Se trata, tal y como la imagina el pueblo, de una anciana buena, protectora de los niños. Vive en una cueva en el monte y, en ella, amasa el pan y lo cuece. Es panadera, por tanto. Y se lo entrega a los padres o a los abuelos que trabajan en el campo, para que, a su regreso al pueblo al oscurecer, se lo entreguen a sus hijitos o nietos pequeños, cuando les pregunten:

–¿Qué me has traído?
–Pan de la Vieja del Monte, que me lo dio para ti.

En realidad, estamos ante un rito cotidiano, observado por la costumbre, de guardar una sobra de la merienda que se llevaba al campo, para dársela a los pequeños de la casa, cuando se regresara a ella, una vez terminada la faena del día.

A raíz de nuestro descubrimiento y, en el proceso de recogida e investigación del sustrato legendario leonés, descubrimos una única fuente escrita sobre la existencia del personaje legendario de la Vieja del Monte.

Que aparece en una novela del clérigo leonés, oriundo de Crémenes, de la Montaña Oriental por tanto, José González, quien, en su obra titulada ‘Lazo de almas’, publicada en 1936, indica expresamente: «Sólo es popular, y eso entre chiquillos, la vieja del monte que llena de pan blanco los zurrones de los pastores; y la vieja del monte no hace mal a nadie, es simpática, y solo se preocupa de los niños hambrientos, y de los rapaces, cuyas madres guardan vacas en la vecera y para ellos tiene siempre la bruja los rescaños más tiernos, los cuartales más blancos».

El motivo legendario de entregar los adultos a los niños de la familia (hijos, nietos, sobrinos) algún mendrugo de pan de la sobra de la merienda que han llevado al campo, para sostenerse a lo largo de toda la jornada, se expresa a través de dos formas –según las áreas de la provincia de que se trate: bien por medio de la Vieja del Monte, o, en otras zonas, con la expresión, legendaria también, de ‘pan de los pajarines’ (o ‘pan del cuco’, ‘pan de la raposa’ o ‘pan de liebre’).

Este mito autóctono de la anciana buena, que amasa en alguna cueva del monte pan para los niños, es conocido sobre todo como Vieja del Monte. Pero cuenta asimismo con otros nombres, menos difundidos, pero también de una gran significación; como: Julianina (en Acebedo), Vieja Panadera, o, con alguna variante, Vieja de los Chorizos (como ocurre en Alija del Infantado).

Estos días de invierno en que los niños reciben tantos regalos, en una sociedad de aparente abundancia, está bien recordar ese mito autóctono de la Vieja del Monte, que llevaba a los niños –en tiempos de mucha mayor escasez– algún mendrugo de pan, que el padre o el abuelo, en la vuelta a casa al anochecer, tras larga jornada en el campo, reservaban para entregar a sus niños y mantener en ellos encendida la llama de la ilusión y de la inocencia.

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