Imagen Juan María García Campal

La vida en una maleta

26/10/2016
 Actualizado a 13/09/2019
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Hace unos días que he terminado de leer ‘Charlotte’ y todavía estoy habitado por las profundas y conmovedoras impresiones que me ha causado el sorprendente texto –poema-novela, novela-poema– con que su autor, David Foenkinos, nos acerca la vida y obra de la pintora alemana Charlotte Salomon (1917-1943) y, sobremanera a la que fue su compleja obra artística: ‘¿Vida? ¿O teatro?’, una extraordinaria obra de arte total, se diría que wagneriana, en que la artista, reuniendo aguadas, textos e indicaciones sobre la música apropiada que debería acompañar su contemplación, lectura o viceversa, hace relato de toda su vida, pues fue ella misma, en 1943, cuando los nazis intensificaron su búsqueda de judíos en el sur de Francia, quien, al entregarla atesorada en una maleta a un amigo de confianza, lo hizo con las siguientes palabras: «Mantenga esto seguro, es toda mi vida».

Y me pregunto en este punto: ¿cual será la verdadera razón de apostillar «de origen judío» al referirse a alguna persona de ese medio millón de alemanes (menos del 1% del censo alemán de junio 1933): la ubicación historiográfica de la persona, personaje, la presuntamente inconsciente pero tendenciosa revelación de la causa de lo sufrido por ésta o un desapercibido rasgo de antisemitismo moderno? ¿Nos imaginamos aclarando de algún español su origen morisco o mozárabe? ¿Se ha olvidado ya que el nazismo persiguió también a gitanos, testigos de Jehová, homosexuales, así como a «aquellos que padezcan una enfermedad incurable que pudiera transmitirse a su descendencia» tal y como establecía la ley de 1933 de «prevención de enfermedades hereditarias en las generaciones futuras»?

Cómo no agradecerle a Charlotte Salomon que salvase toda su vida en una maleta, cómo no a Foenkinos que nos la recordase, cómo no una y otro que me retornasen a la recurrente pregunta «¿Vida? ¿O teatro?» que, aun no tenga uno la respuesta, si lo afianza en que a quien ha renunciado a tener una patria y se ha hecho explorador de la literatura es esta la que lo hace mejor vivir, más conscientemente. Me lo recordó también este sábado Shakespeare, su Rey Lear, por boca de Nuria Espert: «¡Pobres desheredados, donde quiera que os halléis, aguantando todo el furor de esta implacable tempestad ¿cómo pueden resistirla vuestras cabezas sin abrigo y vuestros miembros mal cubiertos de andrajos y extenuados por el hambre? ¡Ah! ¡mucho olvidé vuestras necesidades!».

¡Ah, desmemoriados! ¡Ay, cuantas vidas, aún hoy, continúan cabiendo en una maleta!

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