Resulta dramático, es verdad, ver entre rejas a siete exconsejeros del Gobierno autonómico de Cataluña y a su vicepresidente. Muchos dirán que es una resolución desproporcionada. Otros lo celebrarán. Yo respeto las decisiones judiciales, aun con tristeza, pero creo en la independencia de la Justicia. Y si alguna vez dudé, hoy no me cabe la menor duda de que ambos poderes, ejecutivo y judicial, actúan sin sincronías predeterminadas, pues poco beneficia al partido en el Gobierno central estos autos de prisión preventiva, todo lo contrario, es puro caldo de cultivo para el sector independentista que, si sabe utilizar el victimismo como hasta ahora, verá crecer adeptos como champiñones al amparo de la lluvia. La ley es la ley. La Audiencia Nacional que ha condenado al Govern es la misma que persiguió a Pinochet. Muchos políticos han sido condenados por ella. Entonces nadie protestó. Ahora el delirio independentista verá mártires donde no los hay. Si no quieren castigar delitos de desobediencia cambien la ley. Los jueces sólo pueden acatarla, actúan conforme a Derecho, el mismo derecho que ampara la democracia, aunque a algunos les cueste creerlo.
A Puigdemont y sus compañeros se les advirtió hasta la saciedad que declarar la Independencia era un acto ilegal, como también lo eran la Ley de Transitoriedad y la de Desconexión. Pero ellos siguieron adelante, buscando en Europa un apoyo que no existe. Cataluña jamás ha sido una comunidad oprimida; esta revolución, al menos en su origen, siempre fue burguesa. El deseo de una región próspera de serlo cada vez más, aunque eso suponga ser insolidarios con el resto de comunidades que conforman un mismo Estado. Y el pueblo les sigue en este delirio porque votan y viven con emoción y aunque sobren las razones que avancen este proyecto como inviable, el corazón tiene razones que la razón no entiende. Poco parece importarle al pueblo de Cataluña que su gobierno se gaste en propaganda mucho más que en sanidad, educación, apoyo al empleo o en Servicios Sociales. Por delante la estelada, que vaya por delante.
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