A la Cultural le pasa ya como a los bancos y a las grandes empresas: a base de perder, las cuentas siguen saliendo. A los que no le sale nada es a los delanteros del equipo leonés, pero las iras se centran en uno en concreto, de apellido Sobrino, que ya ni siquiera juega y que, después de protagonizar tremenda cagada deseando suerte al Cádiz, que es rival directo de la Cultu por la permanencia, el domingo se echó unas risas en el centro del campo con sus colegas del Córdoba después de que hubieran complicado un poco más aún las cosas a la Cultu, a cuyos aficionados, por lo que sea, no les parecieron demasiado bien las risas del tal Sobrino.
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