Llegan los señores académicos a la ciudad de León y se la van a encontrar en obras, patas arriba o como le quieran llamar tan intrépidos manejadores de la palabra. Para intrépidos los repartidores, algunos de los cuales siguen sorteando peatones de forma verdaderamente temeraria y ahora han visto reducido lo que ellos consideran un circuito por la reforma de la Calle Ancha. A ese riesgo se suma el de los singulares obreros que desescombran el edificio caído en la calle Dámaso Merino. Al final, los académicos van a acabar decidiendo si aceptan o no la palabra ginkana, que es en lo que se ha convertido caminar por el centro de esta ciudad.
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