Hay informaciones que nacen, crecen, se reproducen y mueren sin hacer el más mínimo ruido y hay otras que son de las más preciadas en esta ciudad. El turno de los jueces de guardia es una de ellas, para que algunos listillos sepan cuándo tienen que presentar las denuncias, y las reservas del Palacio de Exposiciones, para sacar conclusiones de las mentiras que nos cuentan nuestros dirigentes, es otra de ellas. En el primer caso se entiende. En el segundo, surge inevitablemente la pregunta: ¿Pero qué necesidad?
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