Esta tierra fue tranquila, hasta que dejó de serlo. Para el pasado día de Reyes, mejor la víspera, la benemérita no tenía mayores encargos que acompañar, ayudar... excepto con una, la de Cuadros, por si acaso a alguno se le ocurría mezclar la púnica y los regalos. Hasta allí fueron guardias de puestos cercanos y en ese tiempo se le colaron en su hueco agentes de Tráfico y uno, con afán de protagonismo, se le ocurrió denunciar... a los Magos de Villamanín. Habrá que vigilar al guardia.
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