Con la firme intención de ser censurado, y prácticamente con la convicción, el desaparecido Rodríguez de Francisco salió ayer a escena y envió una carta en la que, básicamente, dice que el único honrado es él, los demás políticos son todos unos corruptos, los leoneses viejos sin ganas de revolución y los periodistas unos vendidos sin excepción. Ya estaría preparando el discurso de la censura, el victimismo que él critica tanto como practica, pero, para su sorpresa, leerá sus letras en este periódico.
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