La inminente apertura del vial de San Juan de Dios merece ser recibida con satisfacción. Cualquier mejora en la movilidad de León y de su alfoz, especialmente en una zona tan transitada como la que conecta con San Andrés del Rabanedo, contribuye a facilitar la vida diaria de miles de ciudadanos. Lo razonable es celebrar que una infraestructura terminada vaya por fin a cumplir la función para la que fue concebida. Sin embargo, la alegría no puede impedir formular una pregunta tan sencilla como incómoda: ¿por qué ha estado cerrada durante años una vía que ahora puede abrirse de manera casi inmediata? Si existían impedimentos técnicos, jurídicos o administrativos, los ciudadanos tienen derecho a conocerlos. Y si no los había, alguien debería asumir la responsabilidad de una situación difícil de comprender. La sensación que queda es la de una tomadura de pelo. Durante años se ha obligado a conductores y vecinos a convivir con rodeos, atascos y molestias mientras una infraestructura aparentemente terminada permanecía inutilizada. Que el vial entre en funcionamiento es una excelente noticia. Pero tan importante como abrirlo es explicar por qué no se hizo mucho antes. La transparencia también forma parte de las infraestructuras públicas.
Abrir, sí; explicar, también
La puesta en servicio del vial de San Juan de Dios es una buena noticia, pero resulta obligado aclarar por qué ha permanecido cerrado durante tanto tiempo para que no parezca que se ha tomado el pelo a los leoneses
16/06/2026
Actualizado a
16/06/2026
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