Pedro Sánchez no existe. Es la ausencia de cuerpo presente de un presidente del Gobierno empeñado en demostrarnos su existencia política. Lo decía hace unos días Antonio Escohotado a preguntas de Guillermo Garabito: «Lo que fundamentalmente le ocurre es que no existe», reflexionaba invitando a los lectores a la deslumbrante droga de la lucidez. Argumentaba con esa inexistencia de Sánchez las cosas contraproducentes que está suponiendo este gobierno socialista inesperado y cojo. Así dialoga con Cataluña mientras acumula las mismas amenazas y chantajes que coleccionaba Rajoy, ya los lancen desde Barcelona o las Islas Feroes. Consigue apoyos para exhumar al dictador y corregir la ofensa del Valle de los Caídos, pero desencadena el traslado del mausoleo de los nostálgicos franquistas a una capilla de La Almudena para que peregrinen cara al sol madrileño sin que sea necesaria la excursión en coche, al abrigo del cogollo del bollo de la capital de España.
«Es solo apariencia», remataba Escohotado. Apariencia de socialismo disuelto en píldoras de marketing político. Apariencia de elegante estadista a lo Obama.Apariencia de talante a lo Zapatero. Pedro Sánchez viste el traje nuevo del emperador de Andersen. Con estilo, eso sí, con la existencia de la belleza; la más efímera de todas las posibles.Por eso el presidente ha priorizado su agenda internacional, que él quiere existir a todas todas. Por eso y porque no sabe cuánto le durará el cuento de La Moncloa. En poco más un mes visitará Cuba y estrechará la mano de la revolución como estrecha (quién sabe si por él) Zapatero la de Maduro y la de Otegi. Se dio prisa en apretar en un verano la de Merkel, Macron, Obama y Trump. En subirse a la tribuna de la ONU. No hay nada mejor que coleccionar fotografías para sentirse real (sin recibir a los invitados en Palacio en la Fiesta Nacional). Que quizá haya algo que se pegue con los apretones.
Hace un tiempo escribí que los ministros no existían, que era el mejor cargo posible para garantizar despacho, influencia y posterior puerta giratoria pudiendo pasear inadvertido por la calle y azotado tan solo de vez en cuando en las tertulias. Pero era antes de Sánchez, que ahora son los ministros los anuncian, los que rectifican, los que dan ruedas de prensa y hasta los que dimiten. Ahora son los ministros los que se equivocan y los que se sacrifican. Va a ser que este Gobierno lo que buscaba regenerar con la moción de censura eran los ministerios.
La insoportable inexistencia de Sánchez la han entendido muy bien sus asesores. Si tu líder no existe hazlo existir con las fórmulas que encumbraron a otros. Desde casi el primer día, con aquella famosa foto del Falcon y las gafas de sol calcada a la de Kennedy en el Air Force One.Esta misma semana, con una campaña para el Día de la Niña. El Sánchez actor supera éxitos anteriores como su ‘running’ matinal por los jardines y le entrega la presidencia del Gobierno a una madrileña de nueve años. En un par de minutos de metraje recibe a los pies de la escalinata, le enseña la mecánica del Consejo de Ministros y hace el traspaso de cartera en su despacho. «Yo ya he recogido casi todo» dice en un momento y cuentan que Iglesias, Casado y Rivera casi lo ocupan a codazos. Pues resulta que el vídeo es idéntico a otro que hizo Trudeau en Canadá, no es mal espejo que aunque liberal allí aun gana por mayoría absoluta. Tampoco iba entrecomillado. Es solo una apariencia de plagio.
La insoportable inexistencia de Sánchez
18/10/2018
Actualizado a
19/09/2019
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