Jorge Valle

‘La hija pequeña’

31/05/2026
 Actualizado a 31/05/2026
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Con tan solo 23 años, Nadia Melliti, futbolista y estudiante de Ciencias y Tecnología en Actividades Físicas y Deportivas en la Sorbona de París, recibió inesperadamente el premio a la mejor actriz en el pasado Festival de Cannes gracias a su primer papel en el cine. En ‘La hija pequeña’ interpreta a Fátima, una joven de diecisiete años que, tras terminar el instituto, comienza a descubrir la orientación de su deseo en el seno de una familia franco-argelina en la que el padre permanece sentado en el sofá mientras espera a que las mujeres de la casa le preparen la comida, o en la que una de las hermanas le recuerda a la protagonista que jamás encontrará marido porque no sabe cocinar. Es en este hogar sostenido por el afecto y la complicidad, pero construido sobre unos roles de género rígidamente definidos, donde la menor de la familia, recién matriculada en Filosofía para orgullo de su madre, trata de reconciliar dos aspectos de su identidad que para ella son tan irrenunciables como incompatibles: su homosexualidad y su religiosidad. 

La directora y guionista Hafsia Herzi, que adapta libremente la novela homónima de la escritora francesa Fatima Daas, evita no obstante convertir la película en una denuncia frontal contra el islam. Las palabras sobre la gravedad del pecado de la homosexualidad que escucha Fátima en la mezquita por boca de su imán, al que acude en busca de respuestas y consejo espiritual, podrían haberlas pronunciado muchos sacerdotes católicos. Por otra parte, la presión silenciosa que pesa sobre ella no procede únicamente de las estructuras simbólicas de la religión, sino también de un sistema cultural que liga la identidad de género con la heterosexualidad, especialmente en el caso de las mujeres. La filósofa francesa Monique Wittig escribió en ‘El pensamiento heterosexual’ que «las lesbianas no son mujeres» porque son las únicas capaces de escapar del destino doméstico de obediencia y sumisión al hombre que define lo que significa ser mujer en el heteropatriarcado. Saber que su deseo la sitúa fuera del lugar que le había sido asignado —el mismo que sus seres queridos esperan que ocupe— es, precisamente, lo que desgarra a Fátima en su entrada en la vida adulta.   

La película, un ‘coming of age’ ambientado en la Francia actual, sigue una estructura poco original que, lejos de articular o clarificar la narración, termina por entorpecerla al dividir el relato en cuatro partes correspondientes a las distintas estaciones emocionales de la protagonista: la primavera es el florecimiento de su deseo; el verano, su confirmación; el otoño, su ocaso; y el invierno, su muerte o dormición. Hafsia Herzi encuentra en cambio los momentos más bellos de ‘La hija pequeña’ cuando acerca la cámara con delicadeza al rostro de Melliti, sabedora de que es ahí, en la fragilidad y la vulnerabilidad de una joven que no sabe ser quién es sin traicionarse a sí misma y a los que la rodean, donde reside el corazón de su historia.
 

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