Pero al margen del comportamiento personal de millones de españoles, y por tanto de miles de leoneses, está la élite, los verdaderamente supervivientes de este desastre que ha traído la pandemia. Se saben mejores, es más, una raza superior. Y por eso alardean de ello cada tarde desde hace unas fechas.
Los verás con banderas, las suyas, porque no son de nadie más y ellos eligen en todo caso a quiénes le dejan defenderla. Suelen pasear por las principales calles y avenidas de las ciudades, aunque poco a poco se expanden más no sea que las identifiquen con sus barrios. Visten bien. O mejor dicho, visten caro, muy caro, y no hacen más que ostentar sus bonitas marcas. Quizá esto pueda parecer que son prejuicios, pero no hay más que observarlos cuando desfilan como si de verdad quisieran defender su «libertad» que, visto lo visto, está por encima de la ley. Porque otro de los rasgos que define a estas miles de personas de todo el país es que no tienen que cumplir los preceptos del confinamiento, con ellos no va ni siquiera la distancia social. Pero sobre todo son la élite porque no se contagian, por más cerca que estén unos de otros. Son inmunes a todas las necesidades y carencias de este país que tanto dicen amar.
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