Pero la política cultural no puede tener ideología o acaba en oficina de propaganda. Su labor es gestionar para todos una oferta diversa y de calidad. Sin embargo la clase política está convencida de que gobernar es conquistar una plaza, y por tanto, debe ondear siempre su bandera partidista. No nos quedan gobernantes para la ciudadanía si no comisarios políticos, de izquierdas y derechas, nombrados por cuatro años. La política se ha vuelto tan estrecha que es incapaz de defender la gestión cultural transversal que necesita una sociedad sana. Y la cultura es ancha, tan ancha como el mar al que quería llevar a sus alumnos el maestro republicano de la obra de teatro recién cancelada en Briviesca por el nuevo alcalde. Un concierto de Julio Iglesias, una película de Almodóvar, ‘El jardín de las delicias’ de El Bosco,‘Guernica’ de Picasso, una comedia de Calderón de la Barca, ‘El abrazo’ de Genovés. La cultura de la cancelación y el señalamiento no es más que otra preciosa jaula.
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