Aquellas televisiones tenían la misma fiabilidad que las escopetas del tiro de Juan Pijón, que ya te avisaba al verte coger postura: «Si apuntas bien seguramente cae el palillo de al lado, está todo calibrado al milímetro».
Pues aquellas teles, más o menos. Se notaba que éramos una provincia fría porque lo que más se veía en ella era nieve; así que imagínate para ver con nitidez la llegada del hombre a la luna. Tanto es así que en La Mata de Curueño se reunió el pueblo para ver el hito histórico y ante la desesperación por la nieve un vecino fue a casa por los prismáticos, buscó un espacio despejado, miró, regresó al teleclub y sentenció. «Esto es una puta farsa, he estado mirando a la luna con los prismáticos y allí ni se ve la nave, ni a los tripulantes, ni la bandera americana, ni dios que lo fundó».
Lo peor es cuando la imagen ya se convertía en nevada cerrada. Uno salía a mover la antena, pero nada; otro le daba al contraste, y más oscuro. Apagar y encender, un buen golpe en el culo (de la pantalla), pero nada. «Hay que escotar y llamar al técnico».
Venía el técnico y repetía las mismas faenas pero en distinto orden: apagaba, golpeaba y movía la antena; para sentenciar con cara de circunstancias: «Esto no es de aquí, es de Matadeón»; que era donde estaba el repetidor para la provincia.
Pues en ello seguimos. La culpa es de Matadeón, ¿visteis las elecciones de Madrid? Pues eso, la culpa es de Matadeón, y dimite el que pasaba por allí, «eructa el paisano y la patada al perro», que decía El Tumbao.
P.D. Es una casualidad que quien tiene raíces en el mismo Matadeón sea Pablo Casado. O no. Qué sé yo.
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