Jorge Valle

‘La buena hija’

30/08/2026
 Actualizado a 30/08/2026
Guardar

Una de las sorpresas del pasado Festival de Málaga fue ‘La buena hija’, que, a pesar de no alzarse con ningún galardón, llamó la atención de la crítica en un certamen donde suelen presentarse algunas de las candidatas más potentes de cara a los premios Goya. Este año, por ejemplo, también han pasado por el festival ‘Yo no moriré de amor’, de Marta Matute, o ‘Calle Málaga’, de Maryam Touzani. Un panorama que evidencia el buen momento que vive el cine realizado por mujeres en España, pues a los nombres anteriores habría que añadir los de Carla Simón, Alauda Ruiz de Azúa, Pilar Palomero, Arantxa Echevarría o Jaione Camborda, entre otras directoras dotadas de personalidades muy distintas y capaces de hacer películas profundamente diferentes. Cineastas unidas quizá no por una sensibilidad única —sería absurdo reducirlas a una mirada homogénea—, sino por su capacidad para dirigir la cámara hacia lugares, experiencias y personajes que durante demasiado tiempo habían ocupado una posición secundaria en un cine dominado por perspectivas masculinas.

En ‘La buena hija’, la directora catalana Júlia de Paz Solvas ofrece un acercamiento honesto, sutil y crudo a la violencia de género a partir de un punto de vista poco habitual: no la de la mujer maltratada, sino la de su hija, que va tomando conciencia, a lo largo de la película, del monstruo que es su propio padre. ‘La buena hija’ es, pues, la historia de un desvelamiento: el descubrimiento progresivo de que tu progenitor es un maltratador; de que el hombre al que quieres y que debería protegerte es capaz de hacer daño a tu madre, a tu abuela y, finalmente, también a ti; la constatación, lenta pero irreversible, de que quien debía constituir tu refugio constituye una amenaza.

Pero la película es también la historia de una sororidad entre mujeres de distintas generaciones. Una alianza que Júlia de Paz Solvas no idealiza ni convierte en un espacio de solidaridad automática. Entre abuela, madre e hija existen desencuentros, silencios, incomprensiones y heridas que no desaparecen por el mero hecho de haber sufrido violencia a manos del mismo hombre. Una violencia que puede ser silenciosa y casi imperceptible o, por el contrario, ruidosa y estrepitosa; que manipula, humilla y termina ocupando todos los espacios de la existencia de quienes la sufren; y que, además, en el caso de la protagonista, provoca el paso abrupto a la adolescencia. La debutante Kiara Arancibia encarna ese tránsito doloroso desde la infancia y la idealización del padre hacia una madurez que llega demasiado pronto. Lo esperanzador del relato reside en que Carmela no atraviesa ese proceso completamente sola: a su alrededor están el cariño y la comprensión de sus amigas, así como el apoyo incondicional de las mujeres de su familia. Porque, frente a la furia de un hombre que parece dispuesto a destruirlo todo, ‘La buena hija’ encuentra en los afectos femeninos una posibilidad de resistencia, de cuidado y, quizá también, de futuro.
 

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en
Lo más leído