Un presunto influencer se preguntó retóricamente quién era de León para minusvalorar a nuestra tierra. Antes de intentar degradar un territorio, debería empezar por fijarse en su propia degradación cultural. Paradójicamente, mi novia siempre me dice que todo el mundo es de aquí. Me acaba de regalar por Navidad el último libro de Andrés Trapiello y al decirle que el intelectual también es de León, me ha vuelto a mirar con esos ojos que ven a los leoneses como ese animal mitológico con el que desde el franquismo se mira a los gallegos por ser el centro neurálgico del poder. Me estoy acordando de cuando en el Evangelio de San Juan unos gentiles, en referencia a Jesús, se cuestionaron si podía salir algo bueno de Nazaret. Inevitablemente, sin una profunda vocación, nos convertimos en profetas de nuestra patria chica, de sus costumbres.
Todo el mundo es de León, y eso provoca que a veces nos encontremos con personajes como Pablo Fernández, portavoz nacional de Podemos. Cuando empezó a soltar su melena al viento de la influencia mediática, mucha gente se acordaba de ese kiosko que regentaba en nuestra ciudad. No sé, por cierto, como no han proliferado las visitas guiadas a la calle en la que se encontraba el negocio. Sobre todo teniendo en cuenta que a Fernández cada día le dan más cobertura en los medios de comunicación nacionales. Se ha convertido en uno de los contertulios de cabecera de algunos de los programas más vistos de las mañanas como En Boca de Todos. Llevo varios días viéndole, observando la condescendencia del presentador Nacho Abad, que sabe que tiene que poner a Pablo en su mesa porque alguien de arriba se lo habrá dicho. Tiene toda la pinta, a juzgar por las caras que pone de “pero qué me estás contando”. Además de soportar las ocurrencias tiene que lidiar con las sucesivas faltas de educación al resto de colaboradores; tanto es así, que en todas las ocasiones en las que el susodicho ha estado en la mesa, otro compañero le ha tenido que amonestar por ser un maleducado. Nuestro paisano no es más que un reflejo más del circo de las tertulias televisivas, lo que pasa es que él quizá se esté pasando de frenada.