El otro día, en una de esas noches en las que prometo acostarme pronto y me acaban dando las 2 de la madrugada con un historial de Youtube digno de despistar al mejor algoritmo (no muchos pueden mezclar recetas de cocina del siglo XVII con los subsuelos de la escena trap española), en la televisión apareció un capítulo de La Que Se Avecina. No solo desconocía que seguían haciendo esta serie a la que un día nos agarramos por la pura nostalgia de la desaparición del verdadero negocio, Aquí No Hay Quien Viva. A la gente que nacimos en los 90 o incluso a finales de los 80 seguramente esa serie nos lleve a algunos de los momentos más felices de nuestras vidas, la adolescencia, una Selectividad o las primeras veces fuera de casa. En mi caso, va ligado directamente a mi tiempo en el Colegio Mayor de Madrid, ahora cerrado a cal y canto después de haber sido seguramente el mayor centro okupa de España. En esas minúsculas habitaciones en las que aprendiamos la vida adulta (o algo así), cada noche se veía en grupo, como si de una suerte de religión se tratase, un capítulo de la serie. Dentro de las mil y una frases que dejó la serie, la de la convocatoria a una «junta urgente» permanece por algún motivo en mi subconsciente y por algún otro se me viene siempre a la cabeza cuando hay convocatoria de elecciones. No hay nada que ponga más nerviosa a la redacción de un periódico que unas elecciones, cuanto más cercanas en el caso de un medio local, peor.
Por suerte aún deberemos esperar hasta 2027 para las municipales (veremos si con generales), pero el toro de marzo comienza asomar. Cada día es ya de campaña en esta provincia, unos y otros enseñan las patitas y los teléfonos empiezan a sonar con empresas demoscópicas tratando de arrojar algo de luz a los partidos de por donde pueden ir los tiros. En mi caso son ya dos las encuestas en las que he participado y a las que atiendo porque, de otra forma, no tendría de qué escribir. Me sorprende, y a la vez no, que en ninguna de ellas se incluya a UPL como una opción para nada. No aparece ni entre las elecciones de voto, ni siquiera los encuestadores (madrileños o madrileñizados) conocen al partido. Tengo claro que la única forma de hablar de León fuera de León es con un partido leonés, pero a la vez es difícil depositar la confianza del voto en quien, teniendo la oportunidad, como ocurre en la Diputación, es tibio y parece sentirse cómodo en un papel que parece no querer tocar, ni siquiera de soslayo, la que debe ser la principal pelea del partido (sin dejar de lado otras que seguramente sí se estén luchando) y el primer motivo por el que alguien votará el próximo mes de marzo: la autonomía leonesa. Sin estar incluso de acuerdo con su forma de verla, no deben olvidar que solo con ver al resto pelearse no es suficiente (aunque una base). En fin, que «¡¡junta urgente!!». Pónganse a temblar.