03/10/2026
 Actualizado a 03/10/2026
Guardar

Podrían ser estas unas líneas que aludan a las subidas de temperatura de una ciudad oscilante que a ratos recuerda, en pleno octubre, a un día del julio estival. O una temprana añoranza al estimado estío, que ya se nos empieza a resbalar entre los dedos. Pero no lo es, pues es otro Julio el que protagoniza este comienzo de octubre. Es un Julio escrito así, con mayúscula, como el que ayer encabezó los titulares de los medios.

Han sido fugaces las ocasiones en que hemos coincidido. Una firma de libros, una visita esporádica a la redacción... O aquella vez que me concedió una entrevista en mis tiempos universitarios. Que se prestó a hablar conmigo como si yo fuera alguien. Aquella vez que yo llegué temblando a las puertas de la casa de uno de los autores que más he leído. Llegué un día viejo de San Froilán, habiendo sorteado los desechos de los bueyes que titulan su poesía con su lentitud.

El premio de ayer se abalanzó de algún modo sobre las malas noticias, que son más frecuentes. Fue una confirmación de que la literatura es remanso de paz en tiempos convulsos, por muy convulsos que sean los tiempos que entre sus páginas se desvelan. Una forma de probar, también, que la cultura es salvaguarda de certezas, aun impregnados como estamos de la apremiante incertidumbre. De certezas como que la literatura, la cultura, son punto cardinal para sostenernos los pies sobre la tierra, a veces; otras, las alas que nos prestan sus hacedores para, de tiempo en viento, echar a volar. 

El de Vegamián nos ha llevado en sus párrafos hasta el valle del Sobrepuerto.Nos ha hecho ver los pantanos con tantos ojos como tuvieron las gentes de vidas robadas que de ellos echaron y como tienen sus descendientes. Y adentrarnos en la noche oscura que habita el instinto de supervivencia. Y a pararnos a apreciar las catedrales y la naturaleza. Y a leer un cuento. Y a escuchar el silbido del agua en el curso de un río que desemboca en el mar bravo del olvido. 

Así se abalanzó el premio sobre los lectores: como una buena noticia. No solo para León. No solo para la literatura leonesa. Como una buena noticia para la literatura en general. 

Una literatura que se escribe en movimiento. Que recuerda entre líneas la importancia de vivir el trayecto. Que grita a susurros, que rumorea a voces, que la vida es eso: un viaje.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en
Lo más leído