28/08/2025
 Actualizado a 28/08/2025
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Se están acabando las vacaciones. Ya huele a vuelta al cole. Pero los jubilados ya no estamos en esa rueda. La jubilación es un cambio profundo. Después de muchos años de vida profesional, se esfuman los horarios, las reuniones y las urgencias y aparece algo tan valioso como inquietante: el tiempo libre. ¿Qué podemos hacer ahora con todo ese tiempo? ¿Cómo llenas los días para que sigan teniendo sentido? Esta es la pregunta del recién jubilado y su síndrome es el miedo a la adaptación ante el cese de la actividad laboral. Pero «el milagro de los pensionistas es que el primer día de su jubilación se dan cuenta de que no tienen nada que hacer y, sin embargo, muy pronto ya no tiene tiempo para nada».

Salou es el destino predilecto de muchos jubilados por su mar y un clima agradable casi todo el año. Además, cuenta con el reclamo de una gran oferta lúdica y cultural.

Yo distinguiría dos tipos de jubilados en Salou. Los que llegan por dos semanas de la mano del Imserso, especialmente en otoño y en primavera. Y los vecinos de toda la vida en Salou, que también llegan algún día a su merecida jubilación. 

Los del primer grupo vienen a Salou porque es un destino muy accesible y con una buena infraestructura sanitaria. La prioridad de los jubilados suele ser viajar.  Pero su edad limita las posibilidades y requiere una planificación especial para garantizar la tranquilidad y el bienestar en todo momento, sin riesgos para su salud. Si preguntas a un jubilado por su principal preocupación, siempre te va a responder que su «salud». Esa es la razón de que elijan siempre los destinos en los que se sientan protegidos. 

En Salou llenan todos los hoteles que quedan abiertos después del verano. Los veo aparecer a las 10 de la mañana por el paseo marítimo después del desayuno. Suelen venir en grupos. A menudo, dos o tres hombres delante hablando de fútbol o de sus batallitas en su pasado laboral. Les siguen detrás sus mujeres más silenciosas, comentando las excelencias de sus nietos. Van acampando en todas las sombras y en cada banco se forma una tertulia. Los veo pasar por debajo de mi terraza. Son únicos e inconfundibles. Trato de adivinar por su acento de qué provincia proceden. Pasean despacio y muy arreglados: ellos siempre con su camisa y pantalón largo. Por supuesto, con zapatos y calcetines. Ellas con batas estampadas, llenas de pendientes y pulseras, con el bolso en el brazo y el pelo de peluquería. Como Dios manda, como tiene que ser, por si se encuentran con algún conocido. Me encanta ver a estos jubilados de manual. No se diferencian en nada de los que vemos todo el año en el paseo de Papalaguinda de León, desde la plaza de toros al hostal de San Marcos. En la Costa Dorada será su caminata por la orilla de la playa la que llene gran parte de sus días. Lo normal y lo mejor es que volverán a sus ciudades de origen fardando de vacaciones inolvidables.

El otro grupo de ‘jubilados de Salou’ son los nacidos allí o los que se afincaron allí porque les encantó este bello rincón de la Costa Dorada donde compraron su segunda vivienda para pasar la mayor parte de su jubilación. Ese es mi caso. Soy de León y estoy muy orgulloso de ello. Pero paso una gran parte de mi jubilación en Salou donde me encuentro feliz porque me han acogido con afecto y cariño. Mi familia y amigos leoneses me preguntan: «Qué haces tú en Salou tantos meses? ¿Cómo llenas tu tiempo? ¿No te aburres?». Salou no me deja tiempo para el aburrimiento porque cuenta con muchas opciones para que un jubilado se mantenga activo y disfrute de su tiempo libre. La lista de ofertas lúdicas es inabarcable: viajar, practicar deportes, aprender nuevas habilidades, escribir donde alguien lo lea, participar en voluntariado o simplemente disfrutar de tiempo con amigos. Salou cuenta con un cómodo edificio, Esplai, con calefacción en invierno y aire acondicionado en verano, cuya finalidad es alegrar la vida de miles de jubilados con juegos, bailes y todo tipo de actividades. Me gusta jugar al dominó. Aquí hay una gran afición a este juego. En el Club de dominó Salou siempre vas a encontrar gente dispuesta a empezar una partida. 

Suelo tener la sensación, al despertarme, de «nada que hacer», pero al final de la tarde me doy cuenta de que me ha faltado tiempo: A las 8 de la mañana me esperan cuatro amigos para salir en bicicleta hacia Miami Playa, 20 km, por la orilla del mar. Un verdadero placer.  Desayuno en chiringuito y vuelta a casa antes de que el sol perjudique mi piel. Toca ir al mercado o sentarme en la terraza a escribir el borrador de este artículo para el periódico. De 16 a 19 horas es el tiempo sagrado del dominó. A las 19 horas es mi cuota de voluntariado, clase de español a un grupo de exiliados ucranianos en el hotel Blaumar. A las 20:00 ya sin sol, pero aún de día, disfruto de una playa entera para mí, con el agua limpia y a la temperatura ideal. Cena y posible tertulia con amigos. Así es la vida de este jubilado en Salou. ¿Hay quien dé más? ¡Qué maravilla!

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