El invierno bosteza
y oscurece sus alas
en las sombras heladas
de un bosque sin hojas.
Pero tú eres su reverso,
lector,
su antagonista,
la cálida mano,
el talón desnudo,
la mirada que subleva la ceniza
que endurece mi corazón.
Y por eso te nombro
en estas páginas,
y te deseo,
al borde de la madriguera,
luz de torres altas
y un año feliz.
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