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La invasión vacacional

10/04/2026
 Actualizado a 10/04/2026
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No por esperado deja de sorprender. Suponíamos que con el buen tiempo y una Semana Santa en el horizonte, esto se iba a llenar. Bien es cierto que el futuro se presentaba incógnito por que no terminaban de decirnos qué tiempo iba a haber, además de bastante negro con lo de Irán.
Pero nada, el tiempo se puso no primaveral, sino veraniego, y lo de Irán, con los combustibles en plan carrusel, los precios de todo por las nubes… pues que le den morcilla, que para lo que va a vivir uno… 

Cierto es que, echando la vista atrás, lo del Covid ha supuesto la variación de muchas cosas: por lo pronto, lo nunca visto, nos hemos apuntado a estar en las terrazas exteriores, antes mayoritariamente aparcamientos, haga frío o no lo haga, tal cual esto fuera Berlín, Viena o cualquier otro sitio en el que, en cuanto salía un rayo de sol, todo el mundo se lanzaba a la calle.

Y no solamente eso, salimos de la pandemia como si el taponazo de una botella de cava se tratara, como si ya no hubiera un mañana, como si «vamos, corre, que cualquier día nos toca». Y todo cambió.

No hay crisis que valga, no hay amenaza que asuste ni precio que suba. Nos quejamos, «hay que ver, esto no me llega». Bueno, pues como si no. A vivir que son dos días. O así parece.

El caso es que, pese a todas las dudas climáticas, amenazas mundiales y quebrantos económicos, los españoles nos hemos lanzado a la trashumancia personal. Digo nos, aunque personalmente me he quedado en mi ciudad, pero no por mi gusto, que dispuesto estaba a salir pitando como los demás, pero un catarro, gripe o yo que sé, me aconsejó no mover mi cuerpo a otro lugar.

Y así, he comprobado cómo todo estaba lleno, quizás como siempre, como otros años, sí, pero sin duda, más.

Imposible encontrar donde comer. Todo lleno. Es más, si preguntabas, el camarero te miraba como si no estuvieras en tu sano juicio.

¿Ver una procesión? De lejos o ni eso si no te dabas una exploración previa del recorrido y pacientemente esperabas la llegada. Incluso ni así. ¡Qué tiempos aquellos!, no tan lejanos, en que te subías (te subían, tus padres, claro) a la primera planta del Victoria, a tomar un chocolate y ver así la procesión, sin problemas de espacio ni de mesa ni de nada.

Todo lleno. La calle Ancha era, otra vez, estrecha. Ni que lo regalaran. 

Bueno, y ¿aparcar? ¡Ja! Quizás en el aparcamiento del estadio de futbol. Había que ver la ‘procesión’ (eso sí que era otra procesión de coches), a paso de burra, a la caza y captura de un hueco, o de una salida oportuna, en el Paseo de la Facultad. Y en cualquier parte.

Lo de aparcar habitualmente ya era complicado, pero estos días…

La peatonalización del centro ha eliminado un montón de plazas, sin más alternativa que sobrecargar todas las calles adyacentes, sin un aumento previo de plazas en subterráneo o superficie. Y eso que se paga un impuesto de circulación. Y de aparcamiento.

Y además de no haber previamente planeado cómo resolver ese déficit, te presentas en el aparcamiento de Santo Domingo y te lo encuentras cerrado, se supone, por las procesiones.

Y las terrazas, aquellas que se abrieron provisionalmente durante el Covid para permitir a los establecimientos una salida a sus servicios ocupando plazas de la calzada. Unas terrazas mayoritariamente puestas en marcha de cualquier manera y que de cualquier manera ahora siguen, dicen hoy, que por ser imprescindibles para el negocio (cuando nunca lo fueron) y que en muchos casos más parecen un almacén de restos o un cierre provisional por obras. Quizás porque, como ya se ha comprobado en muchos casos (véase la estación de Renfe, que se abrió como tal), no hay nada más duradero que aquello que se hace provisional. 

El caso es que la ciudad, y no solo el centro, más parecía que no hubiera un mañana (y no solamente aquí, por lo que se ha visto en televisión). 

Claro que esto ha sido una explosión de cuatro días, pero, la verdad, es que el mundo se ha puesto a circular, y todo está lleno, con colas para entrar y ver cualquier cosa, ya sea el Louvre, El Prado, la Torre Eiffel. Todo. Así que, por qué no León. Son cosas de nuestro tiempo. Todo está cambiando.

10 04 2026 Álvarez Guerra
10 04 2026 Álvarez Guerra

 

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