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Inteligencia novel

12/10/2025
 Actualizado a 12/10/2025
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Días atrás ha sido necesario no internarse en zonas sin cobertura ni apagar el teléfono: se están otorgando los premios Nobel y cualquiera sabe. Si le podían dar (o le darán) a Trump el de la paz figuramos en cualquier quiniela. Al pobre Donald le falta ese adorno en su librería de gorras y como lo ha ganado antes un buen puñado de presidentes norteamericanos –¡y hasta Kissinger!–, que ya es apostar fuerte, no quiere quedarse sin ese cromo. Seguro que hay un montón de ciudadanos inmigrantes en los USA y poblaciones con gobiernos demócratas que apoyan la candidatura con entusiasmo. En esta ocasión le presentó al galardón su colega Netanyahu, aval semejante a si te presenta Suárez-Quiñones al premio Concejo. O Santiago Segura a los Oscar... No me hagan seguir. En cualquier caso, teniendo en cuenta de dónde viene la fortuna de don Alfred, nada sorprendería.

Por mi parte, preferiría el de química, pues habiéndome fallado el físico la química me mantiene vivo con escasísimo esfuerzo por mi parte. Pero ese es otro asunto. Puestos a proponer candidaturas, para mí que la Inteligencia Artificial (IA) alcanza más merecimientos que cualquier otro ente ¿pensante? Habría, eso sí, que dilucidar qué categoría le conviene y corresponde, pues en todas descuella. Hago mis indagaciones al respecto y la IA de Google, primera que me sale al paso diario, se pone en plan educado y, sin más, me invita a descubrir el Modo IA: «Pregunta lo que quieras», dice. Con tres opciones a modo, supongo, de ejemplos: «¿Cómo puedo jugar al pádel?», «Haz una tabla comparando los diferentes modos de hacer café» y «Dime los tipos de plástico que existen y si se pueden reciclar». Tres tares de bizarra combinatoria que convergen en el terreno del ocio adinerado y discretamente concienciado.

Le hago varias preguntas y concluyo que definitivamente el Nobel de la paz debería ser suyo. Si por paz entendemos el tradicional «bien queda» y, sobre todo, si reconocemos a quien argumenta con ecuanimidad y sin elevar la voz ni intentar agraviar al contrario. Actitudes cuyo desuso explica el panorama actual de gran tensión, dialéctica y de la otra. Inquirida esa Inteligencia sobre si lo merecería Trump, ofrece una lista de pros y contras que la quisiera cualquier par de tertulianos para tirársela a la cabeza el uno al otro. Hasta se refiere sin tapujos a la «autopromoción y cabildeo» del citado. El aplomo, sensatez y serenidad que muestra se han ausentado de debates entre seres humanos desde hace años. Más aún, en la lista de premiables que propone no está, por descontado, el estadounidense y sí otros cuya labor se ajusta a la letra del testamento de Nobel que limita la selección. Aunque, como tal inteligencia, falla el pronóstico, rasgo de humanidad que inquieta y complace a la vez: hala, por pensar.

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