jose-luis-gavilanes-web.jpg

El insulto ofende y pretende

10/08/2025
 Actualizado a 10/08/2025
Guardar

¡Cómo mudan los tiempos, las voluntades y los dichos, pues nada en este mundo está exento de mudanza!, dijo el poeta portugués Luis de Camões. Si fijamos la atención en pasados tiempos dictatoriales, insultar «hijo de puta» al generalísimo Franco costaba la libertad, montón de hostias en una comisaría y hasta puede que la vida. Sin embargo, llamárselo hoy al presidente del Gobierno, a la sazón Pedro Sánchez, se ha convertido en insulto tanto como grito multitudinario como salido individualmente de un altavoz. Además de oído, el insulto contra Sánchez resalta como inscripción peyorativa en muchas paredes y escaparates, y de modo locuaz en manifestaciones, eventos e incluso en fiestas como los Sanfermines. Y hasta resuena en el extranjero, a través de una multitud de españoles vociferando el insulto por las calles de Munich. 

Confieso públicamente que no soy un entusiasta de Pedro Sánchez, al considerarlo de callado por respuesta a los continuos ataques insidiosos y ofensivos contra su persona y reprobación a su cometido presidencial. No obstante, pienso que, a la hora de enjuiciar, toda persona debería ser respetada por mucha inquina que promueva su distancia ideológica y política frente a los otros partidos de la oposición. Por eso me repugnan las constantes diatribas contra el presidente del Gobierno, entre otras, las de un tal Tellado, secretario general del PP, personaje que no tiene pelos en la lengua para descalificar como tampoco en la cabeza para acicalar. Por no hablar de un tal Víctor de Andrés, guitarrista de la banda madrileña Mago de Oz, que tampoco tuvo recelos en gritar públicamente; «¡Sánchez, me cago en tus muertos!», durante su actuación el 4 de julio pasado en Llanera (Asturias).

Llamar a alguien «hijo de puta» depende de la tonalidad y la circunstancia. Pero hoy por hoy, dicho con más o menos odio en los labios, no es ya ni prohibición ni delito. Incluso, en Andalucía, dicho con la risa en los labios, «hijo de puta» abunda, como dicho de alabanza hacia la persona a quien se alude durante desenfadadas conversaciones entre amigos. Según varias sentencias judiciales, «hijo de puta» no es considerado hoy un insulto a efectos legales, al menos en España, siendo uno de los tacos más utilizados en lengua castellana. Pongamos un ejemplo. El Tribunal de Justicia de Cataluña obligó a una empresa a readmitir a un empleado que había sido despedido por llamar «hijo de puta» a su jefe. Según la sentencia, «la degradación social del lenguaje ha provocado que las expresiones utilizadas por el ahora recurrente sean de uso corriente en determinados ambientes». 

La señora Isabel Díaz Ayuso, a la sazón y por mayoría presidenta de la Comunidad de Madrid (y que, dicho sea de paso, nos juzgó en su día a los leonesistas de paletos) se ha decantado recientemente como degustadora de la fruta, con preferencia a la mala uva, la guayaba y el melón. Además de paletos y de fruta, se le oyó nombrar «hijo de puta» a Pedro Sánchez en una tribuna como espectadora en el Congreso de Diputados en 2023. Siguiendo la senda de la descalificación y del insulto, ahora la señora Ayuso no tiene reparos en afirmar repetidamente que estamos en una «dictadura». Y tiene razón, pero le falta a continuación la determinación, no del «proletariado», sino del «insultariado». No solo por la caterva de descréditos e improperios contra Sánchez que salen por doquier todos los días y a todas horas, tanto de la boca de la «derechita cobarde». como de la «derechona valiente», como de «ayusivos» labios en el intervalo de dulces sonrisitas.

Lo más leído